jueves, 1 de mayo de 2008

Retales de Post's

Adolece uno del defecto de soñar y planear miles de tareas sin después poder abarcar todas ellas como cumpliría hacer. Artículos, reseñas, monografías, traducciones y hasta empresas editoriales rondan la cabeza con el desafortunado efecto de proyectar una vida hacia un futuro ya hipotecado de antemano. De todo este cúmulo de menesteres por realizar van segregándose, como gajos incompletos e insatisfactorios, hojas sobre tal o cual asunto que pocas veces tienen la virtud de materializar lo que en un principio había diseñado mentalmente. La prueba más fehaciente de todo ello es que, pese a sus 827 páginas, a mi tesis, valorada de acuerdo a mis parámentros ideales, le faltan dos capítulos y una larga conclusión que habrían añadido al menos 300 páginas al grueso mamotreto.

Mi relación con este blog es similar. Cientos de impresiones sentidas por lo que me rodea empiezan a perfilarse como posibles post's que van acumulándose como tareas pendientes hasta comenzar a desvanecerse, o a ser sustituidas por otras nuevas reflexiones. Algunas veces he creído que, en lugar de redactar todos los artículos o libros que a uno gustaría suscribir, la salida podría ser escribir un libro sobre los libros soñados. Trasladados al mundo de los blogs, la solución a este atolladero de apuntes pendientes sería escribir sobre lo que uno querría escribir, trasladar a la red la sensación en bruto que desaría desarrollar si fuese disciplinado, metódico y constante.

Por eso escribo ahora algunos retazos, para recobrar sensaciones y compartirlas contigo.

Hace ya casi un mes estuve en Madrid. Era la fecha de la investidura de Zapatero como presidente. La dualidad entre la vida privada y la esfera pública se me hizo especialmente patente. Fueron días de trabajo, paseos, reencuentros, restaurantes y librerías que contrastaban con un centro de Madrid desierto porque cercado policialmente. Sintomáticamente, el cordón policial protegía las Cortes de la nada: las vidas privadas discurrían ajenas al acontecimiento político; ni una queja, ni una movilización, ningún jolgorio. La darwinista sociedad individualizada fluye por un cauce que ya ni siquiera se encuentra con la política en sus ceremonias principales. Mi particular experiencia despolitizada me procuró un pequeño descubrimiento: la librería Pasajes en la desafortunada Calle Génova, propiedad de la excelente y valiente editorial Trotta.

Corrigiendo en clase un comentario sobre una selección de artículos de la Constitución de Cádiz una estudiante persistía en la ideología: "es la primera Constitución democrática española". Parece que contra el dogma liberal no puede ni siquiera la prueba empírica de que en esta norma se abre un espacio de exclusión, estratificado y complejo, donde encontramos a las mujeres, los esclavos, los hijos de indias, los analfabetos o los trabajadores por cuenta ajena. Es cierto que al menos en Cádiz, como dice
Alfons, arrancan en España ciertos principios y propósitos encomiables, pero derivar la sociedad democrática de una organización patriarcal y esclavista es cuanto menos forzar el sentido de la historia.

Liberalismo, democracia y constitucionalismo ni significan la misma cosa, ni tienen porqué complementarse. El liberalismo es incompatible con una democracia popular que extienda la influencia de las decisiones políticas hasta el mundo económico; por el contrario, es perfectamente compatible con dictaduras sanguinarias, como demuestran desde Mussolini a Pinochet. El liberalismo, centrado estructuralmente en la institución propietaria -en todas sus variantes-, se lleva además mal con un constitucionalismo íntegro de derechos individuales y sociales. Sólo basta abrir un manual de análisis económico del derecho en su sección dedicada al derecho penal para percatarnos de cuánto importan a los economistas los principios constitucionales. La democracia puede ser, en efecto, contraria al liberalismo, pero también ciega ante las garantías jurídicas del individuo, aniquilando cualquier tipo de autonomía y de libertad con la mera excusa de la prepotencia de la mayoría. Quizá la organización ideal debiera colocar en su cúspide la idea constitucional, en su basamento la democracia como participación cívica en los asuntos públicos -concepción, por tanto, más amplia que la mera correlación de fuerzas partidarias- y como ornamentos periféricos los escasos y superficiales beneficios que nos concede el liberalismo capitalista.

Este mundo no tiene más que 18 años escasos. A un historiador le resulta bien visible que bajo la permanencia de las tradiciones no cesan de surgir quiebros sustantivos. Justo al contrario de lo que piensa un tradicionalista religioso como Gadamer, la verdad no está en esa permanencia epidérmica sino en ese devenir fluvial incontenible. Pues bien, la presente estructura política y productiva mundial nació con la caída del muro de Berlín. Dejando aparte el conocimiento insuficiente de los países del Este, mediatizado siempre por la pantalla de los dogmas dicotómicos oficiales, me interesa más aún el efecto reflejo que un mastodonte militar rojo podía tener en el occidente capitalista. Desde la financiación directa hasta la inspiración remota, probablemente suministraba la prueba empírica de una alternativa que, en el resto de Europa, hacía que la política y la economía se articulasen de diferente modo al actual. Basta ver el empobrecimiento masivo, la precariedad laboral, el estado del medio ambiente, la resignación ante lo inmodificable y el resentimiento creciente para hacernos una idea de lo que nos espera cuando este nuevo mundo tenga 50 años.

El antimilitarismo pertenece a la ingenuidad de la izquierda. Nadie parece destacar que Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay tienen en común el que el Ejército esté del lado de la voluntad mayoritaria. Un objetivo prioritario de la izquierda transformadora debiera ser aspirar a sustituir el patriotismo por la conciencia de clase entre los soldados, la mayoría de ellos en precario cuando no inmigrantes sin más salidas.

Leo hoy un estupendo artículo de
Vincenç Navarro en El País y descubrí ayer un notable blog crítico, donde puedes encontrar conexiones de interés y portales infumables procedentes de la estela nacionalista y casposa de Gustavo Bueno.

domingo, 20 de abril de 2008

Vodafone roba 9 millones de euros a sus clientes en dos meses

Este podría ser el titular de un diario de tirada nacional en un país democráticamente vigoroso y constitucionalmente alerta.

Hace aproximadamente dos meses, cuando hacía una perdida a mi novia para indicarle que había llegado bien a mi destino, en lugar del habitual contestador que indicaba desconexión o ausencia de cobertura, me respondió una voz mecánica invitándome a dejar un mesaje de voz que sería transcrito a un sms que le llegaría al titular de la línea desconcectada o inaccesible en esos momentos. Me ocurrió aproximadamente cuatro o cinco veces, en cada una de las ocasiones en que telefoneé a colegas con números Vodafone y estos tenían el móvil desenchufado. Escamado ante este nuevo servicio unilateralmente impuesto por la compañía a sus clientes sin su consentimiento, procedí a darme de baja en él, ya que sospechaba que era de pago. Ocurrió lo de siempre: derivaciones de llamadas a plantas de teleoperadores instaladas en Latinamérica, desconocimiento del problema por parte de los asistentes, personal sin preparación que esquiva y llega a colgar a los clientes... En fin, más de una hora hasta que por fin me desconectaron el servicio tras dos intentos fallidos y otro que creí efectivo, aunque comprobé que fue simplemente un engaño.

Alerté de esta triquiñuela a compañeros y amigos con números Vodafone. Uno de ellos llamó expresamente para informarse, recibiendo como respuesta que el servicio, siempre que no se usase dejando el mensaje de voz (después transformado en un sms), era totalmente gratuito. Y hoy leo en la prensa digita, en una noticia arrinconada, que Vodafone ha estado cobrando 'por error' a sus clientes llamadas a teléfonos apagados y fuera de cobertura con el dichoso Dicta SMS. La devolución -¡oh desgracia!- no se realizará de oficio, sino que habrá de ser solicitada expresamente por el interesado con indicación expresa de cuáles son las llamadas facturadas indebidamente. El problema es que, a no ser que uno sea tan previsor como para apuntar en un cuaderno sus incidencias telefónicas, tales llamadas son ilocalizables por indistinguibles de las restantes conexiones de pocos segundos.

Total, un fraude a gran escala de unos pocos millones de euros, atendiendo al número de clientes y al coste de cada una de esas llamadas falsas. Como ayer decía, se saca aquí provecho de la consabida pasividad como actitud que se presupone (acertadamente) en el hombre cuando tiene el estómago lleno. No creo que supere el 10% la proporción de clientes cabreados que exigan sus tres o cuato euros robados. Tampoco creo que la multa estatal por activar servicios sin consentimiento o por cobrar indebidamente llegue siquiera al 10% de la pasta ganada en pocas semanas. Todos estamos, en definitiva, inermes ante situaciones como esta, para nada inusuales.

sábado, 19 de abril de 2008

Los límites del constitucionalismo

Una acepción ética del constitucionalismo entiende esta forma política de la modernidad como garantía de los derechos frente al poder. Hermann Heller, pensador judío y socialista que falleció exiliado en España hace justo 75 años, entendía que el constitucionalismo moderno no podía significar exclusivamente la defensa de la libertad frente a las prerrogativas del poder de los señores pues esta práctica en favor de la autonomía databa al menos de la Edad Media. El signo diferencial del constitucionalismo moderno radicaría, por el contrario, en la plasmación democrática de un programa de transformación social inspirador de la acción política y compuesto de valores socialmente acuñados. Y creo que no le faltaba razón en su intento de diferenciar liberalismo y constitucionalismo. El primero se concreta siempre en una forma de limitacion del poder político establecido; el segundo, en cambio, además de límites, habilita al poder y es fuente de autoridad. Pero concedamos, de cualquier modo, que es inherente al constitucionalismo marcar fronteras al poder.

El problema surge cuando el poder sólo se entiende como agencia o institución política, pues de esta forma nos deslizamos siempre por la pendiente liberal dejando atrás la propiamente constitucional. Que el poder se manifieste sólo a través de la política y que, sin embargo, sea una entelequia inexistente en el terreno estrictamente social es la premisa básica de toda forma de liberalismo, para el cual las concentraciones de poder e influencia en muy pocas manos, si se producen en el tablero de la sociedad, son sólo fruto de la concurrencia entre las aptitudes de hombres libres y naturalmente iguales entre sí. Pues bien, hasta que el constitucionalismo no vuelva a concebirse también como habilitación del poder político frente al poder social los ciudadanos, y con ellos su libertad individual, queda inerme frente a los agentes económicos de los que dependen factores básicos para su supervivencia. Que no exista un movimiento unánime y atronador que reivindique constantemente esta necesidad de protección no significa, como los liberales quieren, que tal necesidad no exista, sino sencillamente que el hombre, por propia inercia natural y, después de los fascismos, por pura descreencia política, no se mete en líos aunque estén despellejando al vecino de enfrente. Sobre esta (innoble) cualidad humana opera constantemente la organización social actual, potenciando un individualismo empobrecedor y obstruyendo cualquier canal capaz de solidarizar a quienes arrastran una existencia alienada.

Toda esta palabrería sería impertinente si no tuviese su correspondiente corroboración empírica. Como sabéis, casi de cualquier teléfono fijo corporativo debe marcarse el 0 para poder realizar llamadas al exterior. Pues bien, si eres usuario de ONO y, por puro automatismo, marcas algún día en tu casa primero el 0 para después comenzar a teclear el número de destino comprobarás que antes de llegar a la tercera cifra te saldrá una voz metálica dándote las noticias de última hora. ¿Por qué? Pues porque si marcas el 095 te conectas al noticiario de Radio Nacional. Y hoy he sabido cuánto cuesta el equívoco: 1€ aprox. por 5 segundos. ¿Qué os parece? ¿Será pura coincidencia quizá? ¿Y a quién acudir por los atropellos diarios sufridos por cualquier ciudadano por parte de quienes nos suministran los servicios básicos para tirar adelante...?

La propaganda en Público

Creo que comencé a tener uso de razón política allá por los dieciocho años. Recuerdo que poco después de comenzada la licenciatura la lectura de la prensa era ya una costumbre cotidiana. Quizá no podía ser de otra forma procediendo de una familia en la que se compraban dos periódicos a diario (El País y Diario 16). El caso es que precisamente en aquellos años (1994-1996), un mínimo de decoro, de independencia y de ética exigían cuanto menos mostrar cierta incomodidad ante la tibieza contemporizadora del diario de Polanco con los GAL, la corrupción y la retórica gonzalista. Fui, en efecto, uno de tantos progresistas atraídos por un diario que entonces era heterogéneo, combativo y arriesgado: El Mundo.

Poco menos de tres años duró aquel romance. Recuerdo perfectamente el día de la ruptura. Otoño del 2000, estaba en mi primera estancia en Madrid, viajaba en un autobús de línea desde El Retiro hasta Atocha y, como no podía ser menos, la sospecha de la función política desempeñada por el diario de Pedro J. era ya casi una certeza. Voces discrepantes, firmas minoritarias, defensores de la independencia vasca y demás personajes que habían poblado sus páginas ya estaban ausentes de un periódico contraído a posiciones conservadoras y ultraliberales. El titular de aquel día -también lluvioso, como el de hoy- acusaba a una corporación municipal abertzale de no se qué complacencia con el terrorismo. Bastaba irse al interior y leer la noticia in extenso para apercibirse de que lo proclamado en la portada era sencillamente mentira, un leño más arrojado al fuego del antinacionalismo vasco, consigna política fundamental del aznarismo.

La vuelta a El País nunca fue convencida. Aprecio más el rigor, la convicción y la transparencia que la fullería, el interés y la conveniencia. De hecho, sólo he simpatizado con Zapatero cuando fue acribillado por PRISA por tratar de introducir algo de diversidad al mercado mediático de la izquierda. El caso es que andaba uno huérfano de prensa desde hacía tiempo cuando por fin se le ocurrió a alguien pensar que esa era la situación de muchos lectores de periódicos. Acogí por eso con entusiasmo la salida de Público.

Presta voz este periódico a periodistas y escritores sin espacio propio en la oligarquía mediática española. Los dos únicos links que puedes encontrar en este blog intermitente conducen a las webs personales de dos ejemplos claros de ello. La sección de Dominio Público de dicho diario también es toda una muestra de lo que digo, con artículos de Belén Gopegui, Fernández Liria, Pizorruso, Amador Fernández Savater (bien diferente de su progenitor) o Rafael Escudero. No desmerezco, por tanto, el proyecto en su conjunto.

Pero titulares como el de hoy, tras una campaña de escoramiento absoluto, burdo y torpe hacia el PSOE, hacen que vuelva la triste sensación de horfandad. Así reza, en tipos bien grandes y legibles: ESTIRAR LA HIPOTECA SERÁ GRATIS PARA TODOS. Sólo debemos avanzar una sola página para descubrir la letra pequeña de la medida 'socialista': "El primer paso es solicitar la ampliación de los plazos del préstamo al banco, que lo puede denegar si no lo considera pertinente".
El problema no es la propaganda de la medida de Solbes, sino el grado de inteligencia que estas actitudes presuponen al lector. Mal vamos si el diario que nacio postulándose como independiente, ilustrado y de izquierdas cree que sus seguidores somos adeptos, acríticos y modelables.

jueves, 20 de marzo de 2008

Más instantáneas personales

He sido padre hace tan sólo un par de semanas. Se suele decir que la paternidad es 'lo más grande del mundo', 'una sensación intransferible', 'la cima de la realización personal'. A algunos amigos se lo he comentado: salvando obviamente las distancias, que son muchas y extensas, el sentimiento que me resulta más parangonable al de paternidad es la experiencia del enamoramiento. Sólo deseas la proximidad de tu hijo; no te cansas de su compañía, de mirarlo y disfrutarlo; tienes miedo permanente a que se quiebre la felicidad; no te molestan ni llantos, ni olores, ni incomodidades; y sientes continuamente deseos de abrazarlo, acariciarlo, cuidarlo, protegerlo.

Pero no es esta la razón que me lleva a compartir contigo este post. Quería contarte una anécdota, a mi juicio definitoria del mal que aqueja a nuestra generación, alejada crónicamente de los centros de decisión y responsabilidad por la generación de nuestros padres, que ocupa puestos profesionales e instancias de dirección desde que cumplieron apenas veinte años y que, si todo marcha bien, nos queda aún más de una década bajo su 'dominio' amable y estupefaciente. Percibo esta seña de identidad de nuestra generación hasta en el modo de referirme a mi hijo Roberto. Van más de cuatro ocasiones en que lo he llamado Pablo (o Pablito), el nombre de mi hermano menor, único quizá con el que he ejercido en alguna ocasión funciones tutelares. Curioso, ¿no te parece?

Unos nacen y otros fallecen. La anciana madre de un familiar cercano nos abandonó hace un par de días. Asistí al sepelio con mi novia. Las palabras del cura que oficiaba el entierro me dejaron atónito. Cuando llegaron los ruegos ('Dios de rogamos, óyenos', musitan en este momento de la liturgia los asistentes no descreídos) citó en primer lugar a la Iglesia, para que pueda continuar ejerciendo sus labores socialmente benéficas; en segundo lugar, pidió el ruego por 'los responsables políticos', para que abandonen la 'política de muerte' -y aquí pensé que se refería a las decisiones belicosas de algunos conspicuos y contumaces dirigentes- y abracen la 'política de la vida' -y aquí supe al fin que todo se disolvía en una proclama antiabortista-. Sólo en tercer y último lugar rogaron por la fallecida y su familia.

Lo vuelvo a decir: sería muy interesante que hubiese algún noticiario, algún periódico, algún medio digital, que nos acercase a determinados ámbitos opacos para la opinión pública. ¿Qué sucede y qué se dice en las misas? ¿Qué ocurre en las cárceles? ¿De qué se habla y cuáles decisiones se adoptan en los consejos de administración de las grandes compañías? ¿Cuáles son las consignas y proclamas que sirven de rancho espiritual a los ejércitos mercenarios de hoy en día?

El liberalismo nació abanderando una idea noble: sólo es legítimo el poder que se ejerce con transparencia. Sus secuaces actuales, antes que reclamar la transparencia de estos espacios de poder, prefieren decir que sólo existe el poder del Estado y que el poder social es una entelequia marxista, pues en el tablero social sólo podemos contemplar la interacción universal entre una multitudinaria red horizontal de sujetos iguales. A quienes todavía hoy hablan de poderes fácticos, y de la conveniencia de regular y limitar su actuación en pro de la libertal individual, nos llaman, curiosamente, enemigos de la libertad.

martes, 11 de marzo de 2008

La contingencia de los espectros

Quizá el post de ayer merezca alguna aclaración y una advertencia preliminar. Hay dos modos de concebir la acción política: el naturalista y el historicista. Para el primer tipo la política se debe ajustar siempre a una naturaleza intemporal e inmutable del hombre y la sociedad. Si los dirigentes exceden los límites infranqueables de esta naturaleza humana -simbolizada normalmente en los conceptos de bien común, interés general, etc.- la autoridad política se convierte en tiranía y despotismo. Para el segundo tipo, por el contrario, la potestad política no tiene ningún referente trascendente al que atenerse obligatoriamente. Según sus principios, la política se inscribe en la correlación variable de fuerzas que caracteriza cada momento histórico e incide en ella de modo transformador y creativo. Creo que la historia de la sociedad política demuestra a las claras que el primer tipo siempre ha sido la máscara del poderoso, que ha solido disfrazar el ejercicio de su autoridad y ha sabido proteger su privilegio como defensa institucional del bien de todos.

Teniendo esto en cuenta cabe afirmar entonces que la distribución de fuerzas políticas, la composición del espectro ideológico, cambia según los factores predominantes en la sociedad. Aunque quienes postulan el centrismo proclamen la inverosímil equivalencia entre el punto medio y la justicia, debe advertirse que la colocación de la mediana no es un asunto de moral sino de luha por el poder, de tensiones entre elementos sociales. Las pasadas elecciones, por tanto, pueden observarse deteniéndonos en la dialéctica de los partidos políticos, con el análisis de rigor de todo lo que concierne a subidas y bajadas de votos, a trasvases de electores y demás aritmética electoral. Pero también pueden ponerse en relación los resultados de ayer con la estructura ideológica de España, y la conclusión meridiana es que nuestro país se va derechizando a pasos agigantados, y este proceso trasciende con mucho la mecánica de los partidos políticos.

Así es. El efecto de la propaganda ultra neoliberal que hemos sufrido en estos últimos años -propaganda que encierra mayor interés en lo que silencia que en lo que condena- ha hecho que parezca creíble a muchos electores que ZP era un frívolo izquierdista falto de moderación. La sangría de votos que el PSOE ha sufrido en favor del PP y de UPD así lo muestran. La financiación de El Corte Inglés, el Banco Santander, Florentino Pérez, etc. a medios, articulistas, televisiones y un sin fin de agentes propagandísticos ha desplazado el término medio de la política mucho más a la derecha de lo que estaba. No sólo se han escapado votos desde el PSOE hasta el PP. Las formaciones más a la izquierda de nuestro espectro parlamentario se han autosacrificado para evitar el ascenso derechista y garantizar a ZP el gobierno. Ha sido como un tirón formidable hacia la derecha patrocinado por los ocultos y anónimos poderes económicos que se ha saldado con la supresión práctica de la izquierda crítica, la única que podía articular cabalmente un mensaje alternativo al de la fatalidad del capitalismo feroz que a nadie satisface pero que nadie cree capaz de alterar un ápice.

La vida social, empero, es mucho más rica en matices que cualquier reduccionismo partidario o electoral. La derechización se ha traducido en un desplazamiento del espectro partidario de nuestro país, pero no sabemos si ha sido así también en el terreno social. Por ejemplo, ¿los miles de votantes de izquierdas que han apoyado al PSOE se conformarán con un escoramiento derechista de ZP? Este va a ser un dilema cuya resolución pronto sabremos. Ayer el ingenuo y parcial Nacho Escolar advertía algo que aquí compartimos: ha ganado el ZP de la subida de los salarios mínimos, de la Ley de Dependencia, de las ayudas al alquiler, etc., no el de Gobierno de España, el del vasallismo al Príncipe o el de los 400€. Pero hoy mismo replicaba El País, con su habitual voluntarismo autoritario (sólo factible por expresar el poder social de una familia potente): las elecciones para Cebrian y Cía demuestran que España quiere centro. La cuestión a despejar es si el más que previsible triunfo de la doctrina de PRISA provocará alguna reacción en este nuevo electorado izquierdista decisivo para el PSOE o si, por el contrario, se resignará a pensar que éste representa el máximo de izquierdas posible dentro del actual marco político.

Con respecto al PP me equivocaba ayer: si hubiesen tapado la boca a Jiménez Losantos no habrían subido ni desplazado nuestro espectro ideológico. La actuación de estos voceros ha sido muy importante tanto para mantener despierto a su electorado como para convencer a muchos del supuesto izquierdismo radical de ZP. Ellos estarán ahora enzarzados en sucesiones y relevos, pero el trabajo sustantivo, la modificación del panorama político del país, ha sido un éxito y puede seguir siéndolo si nos colocamos en estrategias de medio y largo plazo.

Por último, IU no mejorará hasta que no suministre una buena dosis de materialismo a sus análisis, que desgraciadamente adolecen con frecuencia de simplismo y maximalismo. Creer, por odio visceral al PSOE (algo justificado sin duda en Andalucía, y justificable en épocas pasadas), que ha sido su cercanía la responsable de la desaparición supone un craso error. No ha sido esta proximidad, sino el tirón realizado por las fuerzas sociales encarnadas en la derecha lo que ha llevado a abandonar la formación a millares de ciudadanos no militantes para prestar su apoyo a ZP con tal de que nuestro derechismo no tome el poder. En una palabra: si ha sido el voto útil contra la derecha el factor determinante, entonces la alianza de gobierno con el SOE no ha supuesto el desgaste que se le atribuye. Pero claro, si el punto de partida es que PP y PSOE son lo mismo, entonces esto (y muchas otras cosas) pasará desapercibido.
La salida de IU la daba hoy Rafael Reig: si el tirón de la manta por la derecha ha dejado a la izquierda crítica con los pies al aire el único modo de volver a calentárselos es retornar a la sociedad. Decía antes que el espectro partidario se ha movido, pero no sabemos si eso ha sido así con la gama de ideas que circulan en sociedad. Si IU y lo que ella representa tiene poca cabida en un sistema parlamentario tramposo quizá el camino comience en el compromiso social, en las asociaciones, en los colectivos, dejando de lado toda la lógica y la mecánica de militancia de partido. De adoptar esta estrategia, quizá dentro de un tiempo el resultado pueda ser un regreso triunfal al Parlamento. Pero recomencemos por la sociedad porque a IU le sobra aparato, partido y ensimismamiento.

lunes, 10 de marzo de 2008

España se derechiza

Vayan por delante algunas credenciales: soy socialista y soy demócrata. Creo que la democracia es impracticable sin socialismo. Pienso así porque mientras existan poderosos económicamente en la arena social las decisiones estarán siempre determinadas por su capacidad de influencia y manejo. Creo también que el socialismo -entendido como régimen de vida en común en el que la producción económica no se pone exclusivamente en función del beneficio privado, sino que se subordina al bienestar y la protección universales- sólo es alcanzable mediante medios democráticos. La estrategia dicta que no es el momento de la violencia y la historia enseña que su empleo ha salido excesivamente caro. No hay además modelo ni sistema político que valga la pena si supone la supresión, anulación o eliminación del adversario político.
Continuemos con las credenciales. Se infiere de lo anterior que el modelo político ideal según mis concepciones es el de representación proporcional, con cuerpos legisladores de ámbito competencial limitado donde las decisiones se produzcan como fruto del encuentro, diálogo y concurrencia entre diversas formaciones políticas, en una interactuación donde la comprensión del otro, la transigencia y la estrategia sean los instrumentos rutinarios. Ya os podéis imaginar entonces que celebro muy poco este triunfo de la bipolaridad, de las dicotomías absolutas, del duelo religioso entre el bien y el mal.
Lo más importante de este resultado es, fuera de toda duda, la victoria de ZP. Pero ésta posee sus propios términos, que no consienten un análisis reduccionista ni celebratorio. Desde mi posición política, muy diferente a la de quienes todavía hoy insisten en que este PP y este PSOE son idénticos, no puedo menos que alegrarme de que se le haya vetado la entrada en Moncloa al nacionalcatolicismo. De las legislaturas que recuerdo desde adolescente la peor de todas fue la de los últimos años de Aznar. Tengo un recuerdo demasiado vivo como para que lo borre la primera tibieza contemporizadora del SOE de los paños calientes. Pero dicho esto, habrá que admitir que la victoria ha sido pírrica en dos sentidos: porque supera en 386.000 votos menos al PP y porque éste no ha recibido el más mínimo castigo por su estrategia de oposición fullera. El PSOE ha ganado frente a un PP reforzado y que le pisa los talones. Su victoria no se ha debido ni siquiera a sus propios electores, pues muchos de ellos se han marchado a UPD o al mismo PP asustados ante el 'izquierdismo' catalanista de ZP, lo cual da ya una idea de hasta qué punto el SOE tiene cuadros dirigentes y bases completamente derechizadas, esto es, nacionalistas españoles, liberales capitalistas y conservadores. Su triunfo se debe prácticamente en exclusiva a los estrepitosos descensos de IU y de ERC. Tiempo habrá de saber si ZP desarrollará un liderazgo personalista de mayor cariz socialista, mirando tanto a Francia y al SPD alemán, para ser leal así a las fuerzas minoritarias pero decisivas que le han alzado al gobierno, o bien predominarán los lastres centristas abanderados por PRISA, Rubalcaba, etc., pactarán con nacionalismos conservadores y aquellos que lo apoyaron verán frustrada toda expectativa. No sabrá nunca el PSOE hasta qué punto lleva años siendo el administrador nefasto de las esperanzas y las ilusiones colectivas...
Con respecto al PP ha conseguido a medias su propósito: su discurso ha calado en más de media España y eso prepara ya el terreno a futuras y sólidas victorias. No entiendo, en cambio, por qué se empeñan en continuar con un discurso de nacionalismo español duro en un escenario de juego que por fuerza reaccionará ante él negativamente. Al PP le hubiese bastado con recurrir a Gallardón, taparle la boca a Jiménez Losantos, cuidar mucho más su imagen en Cataluña y Andalucía para haber arrasado al PSOE. Si no hubiese movilizado por reacción al electorado de izquierdas invitándolo a arrojarse en brazos de ZP, éste se habría encargado de espantar a ciertos socialistas conservadores que sólo ven a través del ventanuco de El País y no habría existido trasvase de IU o de ERC que supliera ya las carencias. Veremos si toman nota de esa evidencia, pues hoy por hoy, y con la estructura socioeconómica capitalista en todo su esplendor, los gobernantes naturales y legítimos de ella son los liberales conservadores, siempre y cuando sepan deslastrarse del nacionalcatolicismo.
Con respecto a IU vuelve nuevamente la retahíla de exculpaciones: que si la Ley Electoral, que si los medios, que si el bipartidismo. Todo eso es verdad, pero es el marco de actuación con el que contamos y debe actuarse en consecuencia. El materialismo no implica más que eso: abandonar invocaciones a principios abstractos de justicia y actuar de acuerdo a la estructura social objetiva con el fin de conquistar el poder. Y es eso, estrategia y autoinculpación lo que falta a IU. El bochornoso capítulo de divisiones internas, de pedradas y boicots mutuos, de ausencia completa de entendimiento entre las diferentes familias pone de manifiesto dos cosas: la penosa situación que atraviesan hace que se peguen de bofetadas para poder sobrevivir; el enconamiento radical de las diatribas se debe igualmente al escasísimo talante democrático de muchos de sus componentes, anclados aún en una visión totalitaria, excluyente y monocromática de la política. En el caso de IU se da además otra circunstancia: han llegado a un punto en el que sus votantes coinciden con sus militantes, perdiéndose con ello casi toda perspectiva exterior. Las decisiones y convicciones siempre aparecen determinadas por la problemática interna sin que sean capaces, ya no de seducir al electorado, sino ni siquiera de ponerse en su lugar. Parece como si se hubiesen olvidado de sus destinatarios y todo se limitase a la manifestación externa de los dilemas internos (que si PSOE sí o no, etc.) Parece por otra parte claro que hay dos sectores diferenciados: uno de socialismo avanzado que toma a nivel estatal como adversario principal a la derecha y cuyas propuestas, programas y estilo lo diferencian meridianamente del PSOE; otro de comunismo tradicional que sigue construyendo su identidad de acuerdo a dogmas, principios y axiomas absolutos. Parece que los primeros han perdido las elecciones, y por eso no estamos de enhorabuena. Probablemente ya no haya entonces excusas para que el sector más duro se apodere de la coalición.
La salida personal, amigo lector, quizá no sea sino repliegue en la vida privada y mantenimiento del compromiso de izquierdas desde la posición particular. En realidad, si hay que transformar la sociedad bien podrían armarse de ánimos y decisión las personas más castigadas por ella, entre las cuales, por fortuna, no me encuentro. Si ellos han querido PSOE porque creen con ello asegurada la justicia social, no tiene uno vocación religiosa para andar mudando conciencias ni descubriendo verdades.