sábado, 1 de noviembre de 2008

Mis deseos para Izquierda Unida

El capitalismo está atravesando en la actualidad un momento de gran flaqueza y potencial descrédito. En teoría, por tanto, habría de ser una coyuntura extremadamente favorable para aquellos sectores, partidos y organizaciones que se colocan en oposición neta a éste, o que al menos manifiestan una crítica severa enmarcada en los parámetros estrictos del Welfare State de base democrática. En vista de lo ocurrido con Walter Veltroni, que ha cedido la alcaldía romana a un fascista, con el reciente giro ‘centrista’ del SPD, recibido con una disparada ventaja de la CDU en los sondeos, o con la derrota irremediable de Royal frente a Sarkozy y la próxima y creo que aún probable caída de Brown, parece ser que a favor de estas posiciones jugaría además el declive de la cínica, burguesa y desmovilizada Tercera Vía, la cual, o bien continúa fomentando la abstención y la teoría del mal menor, o bien se apercibe de que imprimir un rumbo de izquierdas en la sociedad exige aliarse con fuerzas críticas con el capitalismo. Sólo la memoria colectiva reciente, que asocia la transformación social con el desorden, el sacrificio, la incomodidad y, en última instancia, el autoritarismo y la represión, juega en contra de estos colectivos. Pero esta circunstancia sólo frenaría a las corrientes comunistas y anarquistas, mas no aquellas otras defensoras de un Estado pluralista y socialmente protector.


Pues bien, mientras las fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia en Europa, como Die Linke, cuentan en la actualidad con expectativas electorales razonablemente buenas, Izquierda Unida se hunde sin algún pronóstico de recuperación, entretenida como está, en esta coyuntura tan estratégica, en ‘depurarse’ internamente. A mi entender, el único remedio estriba en la separación final entre los comunistas ortodoxos y los izquierdistas que no son (somos) alérgicos al pluralismo y las libertades individuales clásicas. Si observamos bien, ambas tendencias son incompatibles entre sí, pues la primera se basa en una ‘organización burocrática’ (Castoriadis), estructurada en torno a un dogma y dividida entre un sector dirigente y otro militante, y la segunda se organiza según patrones algo más liberales, de consensos mínimos, debates horizontales y apertura, descargada de dogmas prefijados, a la complejidad contemporánea.


Creo que la irrupción de una nueva fuerza política desligada de cierto comunismo trasnochado e intelectualmente insolvente y, por otro lado, crítica con el capitalismo y con la dirigencia acomodaticia, y también privilegiada, de la socialdemocracia, sería capaz de aglutinar en torno suyo a buena cantidad de descontentos errabundos, entre los cuales, he de confesarlo, me encuentro. La pena es, por tanto, que muchos militantes valiosos de la coalición insistan en hallar una fórmula de convivencia para salvarla en lugar de, con valentía, arrojarse a la tarea de fundar una nueva formación.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy atrevido tu artículo. Creo también que una nueva izquierda que desarrolle un discurso distinto del del centro izquierda "light" y del comunista es más necesaria que nunca. Yo intento seguir lo que hace el Bloque de Izquierdas en Portugal. Quizás IU debería mirarse en ese espejo y no tanto en el de Iniciativa per Catalunya.
Por cierto ¿De verdad crees que el capitalismo está en crisis? Yo no creo demasiado en los fuegos artificiales que hablan de su refundación, del renacimiento de Marx. Creo que este sistema se adaptara a las nuevas circunstancias asegurando que las estructuras básicas no cambien. Saludos. Alfons

Crates dijo...

De acuerdo con Dick y también con anónimo.

Lo que propone Dick es una constante en el pensamiento de izquierdas desde los años sesenta. Es reconocer la existencia de un espacio crítico que no se identifica ni con el liberalismo ni con el socialismo de Estado, pero tampoco con el republicanismo elitista ni con ese impulso libertario que reniega de los servicios públicos. ¿Estamos hablando de cuadrar el círculo? En absoluto. Es simplemente el deseo de una democracia pura, radical. Basta con leer la New Left Review desde su fundación o a cualquier heredero de la Teoría Crítica para reconocer la solidez teórica de ese espacio.

Vuelvo a lanzar una reflexión que ya tuvimos Dick y yo personalmente. Si ese espacio existe y no es difícil encontrar adeptos en internet o en los movimientos sociales, ¿por qué no logra abrirse espacio entre los partidos políticos y mucho menos en los medios?

En cuanto a lo que dice anónimo, estoy de acuerdo en que estamos asistiendo a la enésima revolución capitalista. Una vez agotada la fase de financiarización anglosaja, el capitalismo necesita una superestructura adaptada a las nuevas necesidades materiales a fin de seguir facilitando el proceso de acumulación de capital.

Pero no hay que olvidar que la paradoja del capitalismo reside precisamente en esa actividad frenética, en esa sobreproducción masiva que no viene más que a desenmascarar su propia esencia, su IMPOTENCIA fundamental, primordial. El capitalismo sólo puede sobrevivir por medio de la permanente revolución de sus condiciones materiales. Si el capitalismo consiguiera el equilibrio y eliminase todas sus contradicciones internas, habríamos llegado al fin del capitalismo.

La impotencia del capitalismo reside en su necesidad de expandirse constantemente; cuanto más se expande, tanto mayor es la necesidad de aumentar la producción, de suerte que nunca logra alcanzar sus objetivos. Esa tendencia expansiva continúa inexorablemente hasta que la crisis de sobreproducción obliga al capitalismo a iniciar una "revolución" desde dentro, a transformarse y reinventarse (superficialmente) para dar lugar a un nuevo ciclo de impotencia.

Lo curioso es observar que esa misma impotencia fundamental es la que se da en el individuo posmoderno: cuanto más consume, cuanto más goza, cuanto más folla, cuanto más disfruta y se divierte (aparentemente), tanto mayor es su necesidad de consumir, disfrutar, divertirse, follar más, etc., en una espiral ascendente que sólo conduce a la frustración, la angustia, la impotencia, la depresión y la culpabilidad (una culpabilidad inducida por un tribunal superyoico que actúa ante la insatisfacción permanente de sus imperativos de goce).

Dick Turpin dijo...

La verdad es que no quise decir tanto que el capitalismo estuviese en crisis como su discurso o ideología legitimadores. Ese mito del orden espontáneo que se autorregula con la sola interacción de los intereses privados ha quedado más que nunca en entredicho y, mal que les pese a los conservadores, al demostrarse su mendacidad, queda corroborada empíricamente la validez y mayor profundidad de los opuestos argumentos historicistas, que infieren la realidad social de luchas históricas y no de un orden provindencial. Es esa crisis, desenvuelta en el plano de las ideologías legitimadoras de la acción, la que habría de aprovechar actualmente la izquierda. Y, claro, la están aprovechando los de siempre: llevo tres artículos nada menos que de Felipe González -sí, el de las privatizaciones y la reforma laboral- en los que el tipo, con cinismo e inteligencia, abjura de toda fe liberal e intenta rentabilizar el fracaso del capitalismo. ¡Pero si el socialliberalismo no sólo ha sido cómplice de todo esto, sino coautor con agravantes!

En realidad, mis deseos para IU se entonan desde el anacronismo y la nostalgia. Y en eso bien podéis aleccionarme, Crates y Alfons. El compromiso está obligado hoy a discurrir por el cauce de los movimientos sociales y a nutrirse ideológicamente a través de internet y de las editoras independientes. No hay vacío, sino que el hueco está relleno de forma dispersa, lo cual quizá conceda ventaja, por su mejor adecuación a la sociedad contemporánea, a estas fuerzas sociales en lugar de a los partidos de corte clásico.

Pero sí es cierto que sería de celebrar un poco más de estrategia entre algunos líderes de IU.

Duarte dijo...

Contrastes entre la octava asamblea federal y la novena, a través de Pascual Serrano (historia de una decadencia):



1. Octava asamblea federal:

- http://www.pascualserrano.net/2004/SEPTIEMBRE/29-09-04preguntas_militante.htm

- http://www.pascualserrano.net/2004/MARZO/31_03_04dia_iu_desaparecio.htm/



2. Novena asamblea federal:

- www.pascualserrano.net/noticias/ya-decidiremos-luego-el-coordinador-que-ahora-hay-mucha-gente

Dick Turpin dijo...

Muy buenos los enlaces, Duarte. Para mí, las cabezas visibles de IU carecen ya en su gran mayoría de credibilidad. Al menos en lo que concierne a su organización y visibilidad.

El problema ideológico sigue presente: una mitad es comunista, y la otra es de una izquierda pluralista y pragmática. En lugar de tener reflejo organizativo esta división, nos encontramos otra vez con escisiones personalistas: ¿qué identidad política tiene el engendro ese llamado Nacional II? Según me dicen se compone de un conjunto de cabreados con Llamazares.

En fin, una pena. Pero que no exista partido institucionalizado no quiere decir que la izquierda no exista en la sociedad, y eso es lo que importa.

Salud

Duarte dijo...

Estimado compañero:

Son varias las notas que has publicado sobre la cuestión de la izquierda en general e izquierda unida en particular. Aunque las he leído todas, no he querido pronunciarme. Este es un buen momento para hacerlo.

Soy militante del partido comunista desde hace casi nueve años (ahora tengo veinticinco). He sido miembro, desde muy joven, de órganos de dirección del pce y de izquierda unida (de una de sus áreas de elaboración colectiva). He visto y padecido. Lo suficiente para hacer un diagnóstico pausado. Permíteme que abra unas líneas divergentes a las tuyas.

No es verdad que una mitad de la formación sea comunista y la otra pluralista-pragmática. No lo sabemos y quizá no lo sepamos nunca. Pero si fuera así, ¿cuál es el problema? ¿Realmente alguien cree a estas alturas que dos corrientes político-teóricas no pueden confluir en una alianza de interés? ¿Podemos pensar que el conflicto de izquierda unida tiene algo que ver con esto? Bien al contrario, lo que se visualiza es la existencia de dos aparatos, convenientemente integrados en el Estado (uno más funcional que el otro), que colisionan no en sus propuestas, sino en el control y gestión de esa integración. Dichos aparatos, como explica el compañero P. Serrano, no coinciden nítidamente con siglas inscritas en el registro de partidos, sino con fuerzas más o menos definidas que se (re)articulan a sí mismas y en sus alianzas según los tiempos de las instituciones (procesos electorales, procesos parlamentarios, procesos internos, etc.). A mí me gustaría, compañero, que más allá de una brecha nominal, me explicaras cuál es la distancia entre los compañeros G. Llamazares y P. Frutos. Sólo retórica. Ambos aparatos son socialdemócratas y su “socialismo” desemboca, inequívocamente, en estatismo/estatalismo. Sí, también Llamazares. Te invito a que repasamos esos documentos congresuales que se aprueban tanto en izquierda unida como en el pce: defensa del "Estado del bienestar", fomento de la "economía productiva", mayor inversión pública, prestaciones sociales y una sensibilidad ecofeminista. Ambas corrientes están de acuerdo en que este programa es un freno para el capitalismo financiero multinacional (v. Declaración de Rivas-Vaciamadrid).

Ese estatalismo (reproductivo ad infinitum) tiene sus fundamentos teóricos en el economicismo de la II Internacional y de Stalin. Tan afines como los propios Llamazares y Frutos. ¿Acaso no era la URSS un freno para el capitalismo financiero multinacional en su fase anterior? Entonces, ¿qué tenía que haber de distintivo en izquierda unida para ser diferente a las experiencias del paternalismo obrero? Pues la constitución de un "doble poder" (V. Ulianov): los espacios directos de democracia directa, los centros liberados de las lógicas del capital y el Estado. ¿En qué se concretaba? En áreas de elaboración colectiva; en asambleas locales abiertas; en presupuestos participativos; en transparencia y control sobre los mandatarios. Es lo que hacía de izquierda unida un movimiento político-social (según sus estatutos). Sin embargo, siempre han sido un elemento subsidiario, destinado a apoyar al aparato. Id est, estos espacios reproducían la lógica del aparato, estaban atrapados entre lo público y lo privado, incapaces de abrir el tercer espacio de lo social. Una anécdota: muchas áreas de elaboración colectiva no se reunían nunca hasta periodo pre-electoral, momento en el que se convocaban vertiginosamente, se escogía a dedo a sus coordinadores y se instrumentalizaban para confrontar tendencias y alianzas de cara a las listas electorales (sobre todo municipales).

Este es el quid. Lo que nunca nadie pregunta. No es un problema personal, de malintencionados dirigentes que, al ser sustituidos por otros (como proponía J. Anguita) ya liberados de sus clientelismos cruzados, nos conducirán mágicamente a la nueva praxis. No es eso. Es la estructura en sentido marxista: relaciones y procesos. Hace falta otra estructura: nuevas relaciones para nuevos procesos. Una estructura hacia el comunismo. Y me explico, porque esta parte va a ser particularmente polémica.

Yo utilizo la palabra comunista como categoría, no como adjetivo. Un perro puede no reconocerse como un perro, pero lo es categóricamente. ¿Y qué es un comunista? Es una persona que participa, piensa y organiza estrategias colectivas para superar el orden social existente en pro de uno que pueda producirse, mundanamente, desde criterios racionales, reflexivos y flexibles: una sociedad que no es rehén de su propia explotación, que puede pensarse y dirigirse a sí misma. Digan lo que digan los posmodernos, nuestras sociedades contemporáneas no se piensan a sí mismas: se fagocitan lenta y dolorosamente.

Con esta definición se entiende mejor que en el siglo XX hayamos conocido a muchos que se decían comunistas y no lo eran. En lo que llevo del XXI ya he conocido a varias decenas que piensan que son lo que no son. Esto no quiere decir que no sean gente honesta y entregada. Quiere decir que no son comunistas. Por eso te indicaba antes que los "comunistas" a los que tú te refieres no sostienen un programa divergente al de los "pluralistas-pragmáticos". Se enfrentan dos aparatos y, por definición, un aparato no puede ser comunista. Porque no es movimiento. Sí que hay comunistas en izquierda unida, pero no son P. Frutos, ni F. Alcaraz, ni ningún dirigente que yo conozca. En la base sí que existen, pero casi nunca se les ha escuchado. Generalmente se retiran a una lucha sectorial, como he terminado haciendo yo mismo, o se marchan a casa.

Un corolario a esta forma de mirar consiste en el formidable descubrimiento de muchos comunistas entre los que no se reconocen como tales o, incluso, desprecian la palabra. Hace unos meses, estuve en una charla de una ex-ministra boliviana de Evo Morales que sudaba comunismo por los poros; netamente autodidacta, exhibía ese comportamiento austero y comunitario que antecede unas relaciones sociales bellamente igualitarias. Ella no había estudiado a ningún teórico relevante. Si le hubieran preguntado cómo se definía, hubiera hecho mención a otras cosas: su condición de pobladora originaria, trabajadora doméstica o luchadora de base, muy lejos del rollo doctrinal de un funcionario matriorruso o un mariscal rumano.

En definitiva, en España no hay hoy por hoy movimiento hacia la superación del actual estado de cosas, aunque empiecen a existir teorizaciones más o menos fuertes y bolsas de militantes que, dispersamente, se planteen la necesidad de no vivir toda la vida en un sistema de explotación. Algunos están en izquierda unida y otros no. Creo que este es más o menos el espacio al que se refiere el compañero Crates. O podría serlo. Izquierda unida, como aparato, se ha encasquillado en sus dinámicas de Estado (recomiendo el librito Lo que no puede durar en el partido comunista, de L. Althusser, yo te lo puedo dejar en formato digital). En lo personal: desde una perspectiva posibilista, seguiré con izquierda unida (su programa, aunque irrealizable en estas condiciones, es beneficioso para la mayoría), intentando que algunas de sus praxis sean distintivas, predicando con el ejemplo y explicando mis tesis mientras me permitan hacerlo.

Como dice el profesor Juan Carlos Rodríguez, si al capitalismo le quitas la libertad de explotar, sólo queda libertad. Ese debería ser el punto de partida para un programa común.


Nota: Perdona que haya presentado esto de forma un tanto desordenada. Hoy estoy un poco disperso y probablemente he metido algún patón teórico. Ya lo releo esta noche. En cualquier caso, te agradezco la posibilidad de expresarme en este espacio.