martes, 28 de septiembre de 2010

Reforma laboral y legislación racional

Para, por una vez, sustituir la lectura de la prensa por información directa y veraz, me imprimí ayer la ley 35/2010, "de medidas urgentes para la reforma laboral". Fueron variadas las impresiones, pero cabe resumirlas en tres: la ley resulta la plasmación legal del cinismo en que se ha instalado el actual gobierno y todos los que lo defienden; introduce además novedades de tal calado que creo que probablemente suponga la reforma más agresiva y destructora de la protección del trabajo y la relevancia pública sindical; y, en último lugar y sobre todo, expresa una vez más la profunda ineptitud de toda la pléyade de políticos y asesores que conforma nuestra dirigencia. Expliquémoslo.

El preámbulo afirma que la norma tiene como finalidad combatir el empleo temporal precario y la "dualidad" del mercado de trabajo, es decir, la disociación de éste en una élite de trabajadores fijos bien remunerados y con despidos muy bien indemnizados y un batallón de empleados en precario, que concatenan contratos basura y no gozan nunca de las condiciones suficientes para estabilizarse y promoverse en el puesto. Asimismo, el "objetivo esencial" de la reforma es reducir "el desempleo e incrementar la productividad de la economía española". Todo ello, por supuesto, sin merma alguna del "compromiso del Gobierno de mantener los derechos de los trabajadores".

La cuadratura del círculo, evidentemente, no llega a lograrse, poniéndose de este modo al descubierto la falsedad de la retórica con que el Gobierno pretende legitimar esta conculcación de los derechos laborales. En realidad, la única "penalidad" impuesta a los empleadores con el fin de reducir el número de contratos temporales es la de incrementar su indemnización a doce días por año; sin embargo, "razones de prudencia aconsejan implantar este incremento de una manera gradual", no habiendo entonces, en la práctica, medida coactiva alguna que impida la eternización de la temporalidad que se dice combatir. Todo queda en una limitación temporal de hasta cuatro años (¡uh, qué arrojo socialista!) para los contratos por obra y servicio y en la consueta presunción de que quien encadena un mismo contrato, para un mismo puesto y en una misma empresa es, de facto, y por lo tanto también de jure, indefinido. Una presunción ya vigente que en nada ha eliminado dicha dualidad.

Dejando de lado las típicas bonificaciones para quienes contraten a jóvenes, mujeres o desempleados, hasta ahí llegan las novedades favorables al trabajador. Todo lo demás son reformas adoptadas en sistemático detrimento suyo. Veamos las más escandalosas.

- Para poder extinguirse los contratos de trabajo mediante un "despido colectivo" bastará que el empleador alegue, como causa objetiva que lo justifica, "una situación económica negativa en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas". La "razonabilidad de la decisión extintiva" se vincula en todo caso a que permita "preservar o favorecer" la "posición competitiva" de la empresa "en el mercado". Con ello, la labor empresarial, que en buena tradición weberiana comprendía como virtud la ascesis y previsión indispensables para mantener en el tiempo una actividad productiva, se convierte ahora, con medidas como ésta, en una tarea cortoplacista que no requiere siquiera la provisión de fondos para momentos bajos, en el entendido subyacente de que la vida de una empresa, como la producción de un país, ha de describirse con una línea continua y eternamente ascendente.

- Justifican asimismo el despido colectivo los cambios tecnológicos, organizativos y mercantiles que obliguen a la empresa a extinguir relaciones laborales para "prevenir una evolución negativa de la empresa", consolidándose así el principio según el cual, para mantener su posición y su nivel de ganancias, la empresa a lo primero que puede meter la tijera es a las rentas del trabajo. De esta forma se legitiman unos recortes que, como en buena lógica de guerra preventiva, tendrían como objetivo colocar parches ante coyunturas desfavorables eventuales y futuras sobre las que no existe certidumbre alguna. El trabajo se convierte así en subalterno de la prognosis económica.

- Más escandalosa aún es una de las causas que permite que un despido individual sea procedente y, por tanto, cuente con una indemnización mucho menor. Me refiero a la causa de absentismo: a tenor de la ley, podrá despedirse individualmente "por faltas de asistencia al trabajo, aún justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20% de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos, o el 25% en cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de doce meses", no computándose como "faltas de asistencia", entre otras, las bajas "acordadas por los servicios sanitarios oficiales" que "tengan una duración de más de veinte días consecutivos". Lo cual, hablando en plata, no significa sino que si el trabajador se da de baja dos o tres veces durante más de nueve días en el plazo de dos meses estará ya a merced del empleador, que no es que lo despida inmediatamente, pero sí que contará con el instrumento coativo de amenazarlo con dicha posibilidad.

- Y, por último, en tan subordinado lugar han dejado a la fuerza sindical y su capacidad negociadora, que el trabajador podrá por su cuenta acordar a la baja con el patrón sus condiciones de trabajo, mientras que el empleador podrá modificar "sustancialmente las condiciones de trabajo", incluidos horario, jornada, sistema de remuneración y turnos, cuando "existan probadas razones económicas, organizativas o de producción".

De este modo, el Gobierno no solo sienta las bases para la construcción de un mercado de trabajo donde los empleados pasan a ocupar un estatus mucho más debilitado, sino que, sobre todo, coloca la patata caliente de la conflictividad laboral en la casta judicial, encargada en última instancia de dilucidar si concurren efectivamente las causas que justifican los despidos colectivos o las modificaciones restrictivas de las condiciones laborales. El problema es, en primer término, de índole técnica: ¿cuentan nuestros tribunales con los instrumentos necesarios para interpretar y verificar contabilidades de empresas, para calcular o adverar el índice total de absentismo en un centro de trabajo o sencillamente para interpretar los designios del mercado y las posiciones que en él ocupen las empresas? La cuestión es igualmente de índole política, pues con una reforma como ésta no se vuelve a demostrar sino la irresponsabilidad profunda y congénita de nuestros gobernantes, incapaces de adoptar medidas de carácter ejecutivo sustituyéndolas por cláusulas imprecisas que aplazan la decisión política hasta el litigio judicial.

Mas, ante todo, la ley de la reforma laboral que hemos comentado nos coloca frente a un problema jurídico de envergadura. Si entre nosotros los europeos nació la ley como expresión fundamental del poder público fue, principalmente, como medio de garantía frente a la discrecionalidad de los aparatos judiciales dependientes de la corona. La ley, para cumplir su función garantista, había de ser, en primer lugar, representativa de la voluntad general, pero también, en segundo lugar, taxativa, precisa, transparente y determinada, para facilitar al máximo su aplicación e interpretación, pues de transmitir seguridad jurídica se trababa. Y es esto lo que ha olvidado el legislador al reformar el mercado de trabajo, dejando abiertas todas las puertas a aplicaciones abusivas, que, en su caso, habrán de limitar unos tribunales ya de por sí exhaustos y derechizados.

6 comentarios:

MöN dijo...

Yo también me he bajado la ley para leermela, pues ahora la última excusa de los aférrimos defensores del PSOE para no debatir sobre la reforma laboral, es que si no te has leído la ley entera no puedes opinar...
Pues ya está leída, así que esa excusa ya no vale...
La verdad es que son alucinantes las justificaciones que ofrecen para no secundar la huelga; que si los sindicatos no se merecen nada, que si por vuestra culpa ganará el PP, "a mí la verdad es que no me interesa", "no perderé un día de sueldo", "es injusto que los que queremos trabajar no vayamos a poder por los piquetes", etc...
¿¿¿No es más fácil decir la verdad, que mi seguimiento y fidelidad ciega a mi partido me hacen apoyar lo que sea???
Yo es que como no comprendo ese tipo de fidelidades obsesivas a un partido o ideología, pues mi sentimiento crítico no me lo permite, pues no me entra en la cabeza... Pero lo que ocurre con los socialistas es eso...

Dick Turpin dijo...

Así es, los pretextos más ridículos por irracionales proceden de la servidumbre acrítica al partido en el gobierno, sin ni siquiera discernir la brecha abierta entre ellos, la militancia, y los oligarcas e ineptos que mandan, su dirigencia...

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con algunas de vuestras opiniones. Pero yo creo en la tolerancia, en la valentía y en la solidaridad. Me parece que se puede mantener un diálogo sin necesidad de recurrir a estos comentarios llenos de crispación que denotan el poco respeto a opiniones diferentes. La diferencia es la que nos enriquece, y de ella deberíamos aprender. Y antes de enjuiciar a otras personas, cada uno y cada una tendríamos que reflexionar sobre lo que somos capaces de hacer por los demás. Ojala, hoy día, los ideales comunistas y socialistas levantaran tantas pasiones como un día de huelga. Ojalá triunfase la huelga, y mantuviésemos su espíritu día a día enfrentándonos de forma responsable a las pequeñas injusticias que ocurren a nuestro alrededor, y demostrando con nuestro hacer la doctrina que abanderamos. Por desgracia en esta etapa del camino, un día de huelga no sea suficiente, una huelga indefinida hubiera sido valiente, pero creo que ni los propios líderes sindicales creen en esa posibilidad.
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MöN dijo...

De vuelta de la manifestación, y me siento contenta, pues por lo menos en Huelva ha tenido un seguimiento mucho mayor del que esperaba.
Y me ha sorprendido ver entre los/as manifestantes muchos votantes del Psoe, se huele el decontento general... A ver qué pasa...

Dick Turpin dijo...

estoy de acuerdo, Lorem. Tendría que haber sido una huelga indefinida y, desde luego, por la experiencia particular es por la que se comienza a transformar las cosas en el sentido que uno cree más justo.

No creo de cualquier modo que a este portal lo caractericen los términos y las expresiones sobresaltadas y acerbas. Tampoco se define por mantener una ideología comunista ortodoxa (de hecho su autor es abiertamente contrario al comunismo), sino simplemente por la defensa crítica y reflexiva del Estado social de derecho y constitucional. El post que comentas pretende además ser un análisis bastante descriptivo de lo que he podido leer en la reforma laboral, que sí que es bestial y agresiva como probablemente no lo ha sido otra antes. Es lo que tenemos.

Lo que no me cabe duda es que: (1) si esta reforma, siquiera solo la mitad, la hubiese hecho el PP, tendríamos hoy a todos los militantes y estómagos agradecidos del PSOE clamando al cielo y echándose en masa a la calle para "combatir a la derecha"; (y 2) que, como no ha sido así, el PSOE ha cavado su propia tumba, y bien merecido que se lo tenía, si no su militancia, sí desde luego su inepta dirigencia. Creo que es no es descabellado lo que opino, ¿no?

Muchas gracias por comentar!

Dick Turpin dijo...

Yo la de Sevilla la he encontrado bien repleta, pero desconozco las reacciones