lunes, 10 de marzo de 2008

España se derechiza

Vayan por delante algunas credenciales: soy socialista y soy demócrata. Creo que la democracia es impracticable sin socialismo. Pienso así porque mientras existan poderosos económicamente en la arena social las decisiones estarán siempre determinadas por su capacidad de influencia y manejo. Creo también que el socialismo -entendido como régimen de vida en común en el que la producción económica no se pone exclusivamente en función del beneficio privado, sino que se subordina al bienestar y la protección universales- sólo es alcanzable mediante medios democráticos. La estrategia dicta que no es el momento de la violencia y la historia enseña que su empleo ha salido excesivamente caro. No hay además modelo ni sistema político que valga la pena si supone la supresión, anulación o eliminación del adversario político.
Continuemos con las credenciales. Se infiere de lo anterior que el modelo político ideal según mis concepciones es el de representación proporcional, con cuerpos legisladores de ámbito competencial limitado donde las decisiones se produzcan como fruto del encuentro, diálogo y concurrencia entre diversas formaciones políticas, en una interactuación donde la comprensión del otro, la transigencia y la estrategia sean los instrumentos rutinarios. Ya os podéis imaginar entonces que celebro muy poco este triunfo de la bipolaridad, de las dicotomías absolutas, del duelo religioso entre el bien y el mal.
Lo más importante de este resultado es, fuera de toda duda, la victoria de ZP. Pero ésta posee sus propios términos, que no consienten un análisis reduccionista ni celebratorio. Desde mi posición política, muy diferente a la de quienes todavía hoy insisten en que este PP y este PSOE son idénticos, no puedo menos que alegrarme de que se le haya vetado la entrada en Moncloa al nacionalcatolicismo. De las legislaturas que recuerdo desde adolescente la peor de todas fue la de los últimos años de Aznar. Tengo un recuerdo demasiado vivo como para que lo borre la primera tibieza contemporizadora del SOE de los paños calientes. Pero dicho esto, habrá que admitir que la victoria ha sido pírrica en dos sentidos: porque supera en 386.000 votos menos al PP y porque éste no ha recibido el más mínimo castigo por su estrategia de oposición fullera. El PSOE ha ganado frente a un PP reforzado y que le pisa los talones. Su victoria no se ha debido ni siquiera a sus propios electores, pues muchos de ellos se han marchado a UPD o al mismo PP asustados ante el 'izquierdismo' catalanista de ZP, lo cual da ya una idea de hasta qué punto el SOE tiene cuadros dirigentes y bases completamente derechizadas, esto es, nacionalistas españoles, liberales capitalistas y conservadores. Su triunfo se debe prácticamente en exclusiva a los estrepitosos descensos de IU y de ERC. Tiempo habrá de saber si ZP desarrollará un liderazgo personalista de mayor cariz socialista, mirando tanto a Francia y al SPD alemán, para ser leal así a las fuerzas minoritarias pero decisivas que le han alzado al gobierno, o bien predominarán los lastres centristas abanderados por PRISA, Rubalcaba, etc., pactarán con nacionalismos conservadores y aquellos que lo apoyaron verán frustrada toda expectativa. No sabrá nunca el PSOE hasta qué punto lleva años siendo el administrador nefasto de las esperanzas y las ilusiones colectivas...
Con respecto al PP ha conseguido a medias su propósito: su discurso ha calado en más de media España y eso prepara ya el terreno a futuras y sólidas victorias. No entiendo, en cambio, por qué se empeñan en continuar con un discurso de nacionalismo español duro en un escenario de juego que por fuerza reaccionará ante él negativamente. Al PP le hubiese bastado con recurrir a Gallardón, taparle la boca a Jiménez Losantos, cuidar mucho más su imagen en Cataluña y Andalucía para haber arrasado al PSOE. Si no hubiese movilizado por reacción al electorado de izquierdas invitándolo a arrojarse en brazos de ZP, éste se habría encargado de espantar a ciertos socialistas conservadores que sólo ven a través del ventanuco de El País y no habría existido trasvase de IU o de ERC que supliera ya las carencias. Veremos si toman nota de esa evidencia, pues hoy por hoy, y con la estructura socioeconómica capitalista en todo su esplendor, los gobernantes naturales y legítimos de ella son los liberales conservadores, siempre y cuando sepan deslastrarse del nacionalcatolicismo.
Con respecto a IU vuelve nuevamente la retahíla de exculpaciones: que si la Ley Electoral, que si los medios, que si el bipartidismo. Todo eso es verdad, pero es el marco de actuación con el que contamos y debe actuarse en consecuencia. El materialismo no implica más que eso: abandonar invocaciones a principios abstractos de justicia y actuar de acuerdo a la estructura social objetiva con el fin de conquistar el poder. Y es eso, estrategia y autoinculpación lo que falta a IU. El bochornoso capítulo de divisiones internas, de pedradas y boicots mutuos, de ausencia completa de entendimiento entre las diferentes familias pone de manifiesto dos cosas: la penosa situación que atraviesan hace que se peguen de bofetadas para poder sobrevivir; el enconamiento radical de las diatribas se debe igualmente al escasísimo talante democrático de muchos de sus componentes, anclados aún en una visión totalitaria, excluyente y monocromática de la política. En el caso de IU se da además otra circunstancia: han llegado a un punto en el que sus votantes coinciden con sus militantes, perdiéndose con ello casi toda perspectiva exterior. Las decisiones y convicciones siempre aparecen determinadas por la problemática interna sin que sean capaces, ya no de seducir al electorado, sino ni siquiera de ponerse en su lugar. Parece como si se hubiesen olvidado de sus destinatarios y todo se limitase a la manifestación externa de los dilemas internos (que si PSOE sí o no, etc.) Parece por otra parte claro que hay dos sectores diferenciados: uno de socialismo avanzado que toma a nivel estatal como adversario principal a la derecha y cuyas propuestas, programas y estilo lo diferencian meridianamente del PSOE; otro de comunismo tradicional que sigue construyendo su identidad de acuerdo a dogmas, principios y axiomas absolutos. Parece que los primeros han perdido las elecciones, y por eso no estamos de enhorabuena. Probablemente ya no haya entonces excusas para que el sector más duro se apodere de la coalición.
La salida personal, amigo lector, quizá no sea sino repliegue en la vida privada y mantenimiento del compromiso de izquierdas desde la posición particular. En realidad, si hay que transformar la sociedad bien podrían armarse de ánimos y decisión las personas más castigadas por ella, entre las cuales, por fortuna, no me encuentro. Si ellos han querido PSOE porque creen con ello asegurada la justicia social, no tiene uno vocación religiosa para andar mudando conciencias ni descubriendo verdades.

4 comentarios:

GuanacoEH dijo...

Veo que en tu análisis también ignoras -?voluntariamente?- lo ocurrido en Euskadi, donde el absentismo fue 10 puntos porcentuales arriba del promedio estatal a pesar de los llamados unánimes al voto.

Un abrazo.

Baron dijo...

Enhorabuena por tu análisis.
Son momentos duros para la coalición de izquierdas. Sin embargo, no comparto contigo el énfasis que pones en cuanto a las exculpaciones de IU. Es cierto que la situación actual merece un fuerte debate en la autocrítica. Sólo con ella se podrá salir de un horizonte que, de no remediarse, acabará con esta fuerza política en cuatro años, el tiempo suficiente hasta las próximas elecciones.

Sin embargo, y continuando con mi crítica, un sistema electoral que, ahora más que nunca, se ha demostrado injusto, principalmente, con la coalición de izquierdas, dónde el número de votos obtenido no se corresponde con su representación en escaños, en beneficio sobre todo del partido socialista.
Una campaña dónde el bipartidismo mediático ha actuado con la mayor de las crudezas, tapando la boca y los oídos a los no pocos en este país que siguen sin identificarse con los dos partidos mayoritarios.

Ahora bien, es tiempo de autocrítica. Así es. Se debe hablar de las fuertes discusiones internas que se producen en IU y que afloran cuando menos conviene, en precampañas electorales. Cuando más daño hacen, parece ser este el objetivo de quienes la inician. El conflicto surgido en Valencia, cuando menos, ha sido vergonzoso. Los militantes y simpatizantes en esa comunidad han castigado con la pérdida de diputado.

IU debe afrontar, de una vez por todas, esa defensa de su autonomía frente al Partido Socialista. Los resultados han demostrado que la estrategia de acercamiento al PSOE no funciona. Es más, resulta un suicidio. Hablar nuevamente de pactos con el partido socialista, desde el grupo mixto y con sólo dos diputados, en mi opinión resulta impensable, so pena de su defenestración.

Quién sabe, igual lo mejor que le ha podido ocurrir a la coalicío haya sido tocar fondo. El quid de la cuestión radica en si sabrá salir de él. De momento, Rosa Aguilar ha sido clara: conmigo no contéis para encabezar la coalición. Bastante tiene con recuperar el único feudo que tenían.

Dick Turpin dijo...

Sin demasiado tiempo ni espacio para un análisis pormenorizado fijé mi atención en lo más evidente. El 10% de abstención vasca simboliza, una vez más, la esterilidad de las medidas represivas que tanto PSOE como PP encarnan con respecto al nacionalismo vasco de izquierdas. Ahora bien, hasta que no llegue el momento en que tal nacionalismo extirpe de raíz el cáncer del terrorismo, con el que hacen caja los dos partidos mayoritarios y todos los factores de dominación social, hasta que no llegue ese momento, no nos será concedida la oportunidad de ver una Euskadi gobernada en municipios por los abertzales de izquierda y un Congreso con un grupo de izquierdas amplio, que abarque desde ERC hasta HB. Sólo en sus manos está conseguirlo.
Con respecto a IU, estoy de acuerdo con Barón en que la situación y la estructura ha sido adversa. Pero la autocrítica debe ser más exigente. Se quiere un sistema proporcional, que otorgue escaños en función del porcentaje de votos. Muy bien, ese es mi modelo, pero tal régimen implica transigencia, flexibilidad, apertura y talante negociador y democrático, justo lo que parece faltar a quien es su mayor necesitada.

Anónimo dijo...

Cada vez la vida es mas cara y el poder adquisitivo no va acorde a los tiempos.