lunes, 8 de junio de 2009

El legado de la izquierda liberal

Sobre los resultados de las elecciones de ayer pueden decirse muchas cosas. Y como no encuentro en la prensa una sola mención a los puntos que me interesan o inquietan, me animo a glosarlos aquí. Podemos partir de dos premisas, una de ámbito europeo y otra de radio doméstico. La primera, a mi entender bastante evidente, es que, de nuevo, la gran triunfadora de la noche fue la abstención. Más de la mitad de todos los ciudadanos con derecho a sufragio renunciaron a él. Esto tiene un significado muy preciso: una victoria de aproximadamente el 40%, como la que gozan los conservadores, equivale, en términos reales, a conceder el gobierno parlamentario europeo a un 16% de la población con derechos políticos. Una minoría bastante exigua, como puede comprobarse.

La segunda premisa se refiere a la lectura falseada que los principales partidos españoles han realizado de los resultados. Rajoy salió ayer entusiasmado diciendo que habían ganado las elecciones, así sin más, sin el calificativo de europeas. Ignacio Camacho, ese ideólogo refinado del centro-derecha, titula hoy su columna "Moción de censura" (del pueblo contra Zapatero). ¿Alguna mención a los 20 puntos de participación que median entre las elecciones de ayer y unas generales? Ninguna, por supuesto, para qué estropear la estrategia de propaganda, que consiste sobre todo en crear la atmósfera de cambio como si fuese real. Por lo que atañe al PSOE, su versión no era menos tergiversada. Afirmar que la formación social-liberal española ha sido la que ha obtenido las mejores cifras en Europa supone una verdad a medias, visto que tal proporción sólo es posible por el descalabro generalizado de las socialdemocracias. Y, en fin, lo de IU no tiene menos mérito, contentos por mantener las dos poltronas y por "consolidarse como tercera fuerza estatal", pero a costa de esconder debajo de la alfombra los 60.000 votos perdidos, o sea, más del 10% de los apoyos. (Y hasta IA publica hoy un comunicado en el que sus ínfimos apoyos le parecen suficiente para construir 'un referente anticapitalista en España', ¡ahí queda eso!)

El resultado global es bien claro: victoria -pírrica en términos totales, abultada en términos parciales- del liberalismo conservador en Europa y derrota estrepitosa de la izquierda liberal. Ahora bien, estos dos fenómenos se hallan, cómo no, íntimamente conectados y el punto de engarce podríamos identificarlo con el olvido socialdemócrata del materialismo. Si desde el principio hubiesen tenido presente que los gobiernos son expresión de la estructura económica, social y cultural de sus países, y no al revés, habrían adivinado que impulsar, como lo han hecho sin descanso, un modelo social de libre mercado, valores neoliberales y relaciones individualizadas no podía engendrar sino una gobernación de derechas. ¿Qué esperaban, que gobernar en contra de los intereses de los sectores que potencialmente les apoyarían y en favor de los amos iba a traducirse en la resignación de aquellos y el beneplácito de éstos?

La derecha, gobernadora natural de esta sociedad derechizada (en buena parte, repito, por culpa del social-liberalismo), lo tiene mucho más claro. Es -según trataré de argumentar un día aquí más extensamente- el último vestigio de los partidos de clase. Defiende sin ambages los intereses de una capa social muy definida que cuenta con los resortes mediáticos necesarios para hacer creer que tales intereses particulares equivalen al interés general de la sociedad. Persigen descaradamente, sin sutileza alguna, aquello que Pierre Bourdieu llamaba "el beneficio de la universalización": pasar por bien común un bien particular. Y es además una fuerza inmunizada frente a determinados requerimientos ético-democráticos, precisamente porque está inspirada por creencias privatistas y religiosas en lugar de públicas y civiles. Así, no debe llamar a escándalo -y sobre esto también incidiré aquí algún día- que los apoyos al PP o a Berlusconi no mengüen por la corrupción, pues el beneficio privado aún en contra de la ley estatal es una seña de identidad del liberalismo conservador, que sólo cree en el Estado cuando garantiza tal beneficio.

Sólo una buena noticia se atisba en el horizonte: el renacimiento de la izquierda real. El Bloco de Esquerda portugués ha conseguido casi el 11% de los votos (382.000 aprox.). Entre el neotroskista Nouveau Parti Anticapitaliste (4,9%) y el Front de Gauche (6%) suman en Francia una proporción similar, a la que cabe añadir la enérgica irrupción de los verdes, con más votos incluso que los socialdemócratas. Y en Alemania Die Linke llega al 7,2%, siendo la fuerza vencedora en varias provincias de la antigua República Democrática.

Si esto no ha ocurrido en España, se debe a varios factores: en primer lugar, el bipartidismo está entre nosotros mucho más arraigado que en los demás países, tanto por el apego tradicional al turnismo británico -recuerden la Restauración- como por el triste recuerdo del paralítico pluripartidismo de la II República, empeorado aún más por ese utilitarismo de perfil bajo que caracteriza al españolito, que identifica unas elecciones con un partido de fútbol; en segundo lugar, por el carácter radical -nacionalcatólico- de nuestra derecha, que anima el voto resignado y reactivo al PSOE, algo que éste trata de explotar sin recato alguno; y en tercer lugar, por la trayectoria nefasta de IU, carente de credibilidad por sus divisiones internas e incapaz de aglutinar a todas las corrientes transformadoras, que, como IA, han tenido que irse fuera para hacer -a mi pesar- un ridículo considerable sacando la mitad de votos (25.000) de los que sacó el Partido del Cannabis en 2004. (Eso les ocurre por no haberse tomado siquiera el trabajo de consultar las líneas de actuación, el tono y el programa del Bloco de Esquerda, que seguramente a nuestra joven antisistema Esther Vivas le parezca un ejemplo más de izquierda complaciente y 'gestionaria')

Y si tampoco ocurre en Italia, se debe igualmente a esa disposición anímica que oscila entre apoyar a social-liberales esperanzados con un cambio en pro de la justicia social o abstenerse resignados pensando que, si la izquierda liberal no hace nada, menos aún puede hacer una panda minoritaria de marginales sin sentido alguno de la realidad. Y es precisamente esta oscilación fatal y sin salida, que sólo rentabiliza la derecha, la que debe romperse cuanto antes.

El problema de la izquierda real es que sobre ella pende el estigma del totalitarismo, ya sea por causarlo y construirlo ella misma como por provocarlo en los sectores reaccionarios. Contra lo primero sólo caben dos remedios: construir programas estratégicos y verosímiles, cuya aplicación no requiera un exceso intolerable de autoritarismo, y distanciarse constante y expresamente del estalinismo criminal, de toda forma de anulación del pluralismo y de las libertades conquistadas. Y contra lo segundo debe argumentarse sin parar que la reacción totalitaria conservadora no desacredita a quienes querían reformar un modelo socio-económico inquino sino a quienes ponían sus privilegios por encima de la vida de millares de seres humanos.

Pero dicho esto, el estigma del totalitarismo y del irrealismo sólo puede borrarse con un pacto con la izquierda liberal. Y para que este pacto sea posible, la socialdemocracia debe desplazarse sustantivamente hacia la izquierda, no apropiándose de puntos programáticos del socialismo y el comunismo, sino mostrando su disposición a llevarlos a la práctica en hipotéticos gobiernos de coalición. Sólo la fuerza que en un momento dado cuenta con la credibilidad y la experiencia de gobernar puede sacar de la marginalidad al depósito ético de nuestras sociedades. Piensen, por ejemplo, en Obama: basta que él apueste por medidas radicales para que ya no lo parezcan tanto. Y como la izquierda de González, Blair, Schröder y, ahora, Brown, Royal y Veltroni, está fulminada, sólo una lectura social-liberal de esta clase, que le lleve a preferir gobernar con la izquierda socialista y comunista en lugar de con los conservadores, puede hacer reemerger a la izquierda entre nosotros y borrar ese sinsentido de que se alcen victoriosos en medio de una crisis precisamente los que defienden los principios que la causaron. Se trata, en efecto, de recuperar el discurso de clase que enarbolan sin complejos los derechistas; se trata, en suma, de no caer más en la trampa conservadora de que una sociedad justa, pacífica y gobernable es aquella en la que existen dos partidos mayoritarios de centro, con exclusión pactada de las restantes formaciones a la izquierda, pues este axioma, preconizado no por casualidad por los conservadores y por algún incauto social-liberal, termina otorgando los gobiernos a las derechas. Y todo esto en España -en contra de lo que yo creía, defensor de la segregación del PCE y del ejemplo portugués- pasa por un reforzamiento de IU.

Tenía razón un conocido filósofo del derecho con quien hace poco trabé amistad cuando me decía que poco o nada hay a la izquierda de IU. Ya se ha visto, 25.000 miserables votos que bien harían volviendo a la única fuerza con posibilidades en España, como bien haría ésta abriéndose a las nuevas energías que representan los treintañeros soñadores de IA.

8 comentarios:

Catalina!_ dijo...

Les recomiendo tambièn pasar a ver el blog de cine, este blog no habla de espectáculos...habla de temática cinematografica y fotográfica, asi como tambien de crítica...escrito por cineastas y hecho para cineasta y cinefilos.
http://estudiocinema.blogspot.com/

gracias..por el espacio ;)

Dick Turpin dijo...

de nada

Anónimo dijo...

Yo también estoy decepcionado con IA. Y enfadado conmigo mismo por no haber visto antes que, lejos de ser el germen de un Bloco de Esquerda, IA era un partido pequeño, de los varios que existen en la frontera entre izquierda radical e izquierda totalitaria o "friki" aunque, eso sí, con un barniz juvenil y alternativo.
De la lectura de tus posts y de alguna conversación mantenida contigo extraigo una lección: quizás los que sabemos leer y escribir y decimos interesarnos por la política, deberíamos emitir un voto, o un no-voto, más crítico, más inteligente, menos visceral. Hablo por mí.
Pero reconoce que, tal como está montada la democracia partidista, con la legislación electoral que tenemos, cuesta tomar distancia y creer que lo que decide es la unión de muchos votos y no algo etéreo, nebuloso como las corrientes de opinión marcadas por los grupos empresariales de comunicación. Cuesta creer que el voto de uno sirve para algo más que para azuzar o castigar un partido y otro. Especialmente en este tipo de contiendas electorales en las que se elige un órgano que decide más bien poco, pues, que yo sepa, hemos votado el Parlamento Europeo y no la Comisión, que es el órgano que realmente decide.

Anónimo dijo...

Decepción tras de decepción es lo que sufre un@ cada dia despues de una votación, y no es porque lo que vote sea minoritario, sino porque no entiende ciertas cosas, como por ejemplo,se sigue votando en Italia a berlusconi,y sobre todo por los analisis que hacen los politologos, medios informativos y ejecutivas de los partidos. Creo que nadie valora en su justa medida el nº de votantes que se queda en casa o que haciendo el esfuerzo de ir a votar lo hace en blanco. en cuanto a IU no sé lo que celebra, habiendo perdido 60.000 votos, en vez de abrir puertas a otras sensibilidades como la ecologia etc., cad vez son más monoliticos, en vez de unir expulsan de sus filas, asi no van a ninguna parte esa es la lectura que deben hacer, tienen dos años por delante para rectificar. Mientras no cambien, mi voto será para al menos dar un susto a los instalados. La gente no va a votar ni aqui ni en Europa, porque la clase politica es lo más alejado que hay de los problemas que sufre diariamente dicha gente. Un saludo.

Eitan dijo...

xd dick, la solución según tú, es lo que se ha intentado en Francia; consecuencia PCF mantenido por respiración asistida por el partido socialista. Italia; Refundazione votando el envío de tropas a Afganistán. España; IU, vasallo venido a menos y menos del PSOE, que parecen el equipo b, cantera externalizada del psoe. O sea ¿que por amor al pensamiento ilustrado, el sol intentará imitar al planeta?

Dick Turpin dijo...

Gracias por tu comentario, anónimo (1). También para mí IA ha sido decepcionante. Ya tenía muchas reticencias por sus lagunas y por su acriticismo, pero su reacción ante el fracaso estrepitoso la verdad es que refleja muy bien el escaso sentido de la realidad que tienen.
Gracias también por tu comentario, anónimo (2). Estoy plenamente de acuerdo en los dos puntos que planteas: la inmunidad electoral de la derecha frente a la corrupción y el descrédito de lo político. Lo primero tiene un sentido vinculado con la privatización de las relaciones sociales: si el modelo es el beneficio privado, el individualismo exacerbado, frente a cualquier apertura al otro, entonces eso va a terminar reflejándose tarde o temprano en la política, como demuestra lo de Berlusconi. En la escala de valores está por encima el beneficio privado que cualquier ética cívica o pública. Y en relación a lo segundo, qué decirte, sino compartir el sentimiento de horfandad, con una izquierda liberal culpable, una IU exangüe y autodestructiva y bluffs como los de IA...
Por último, gracias por tu comentario Etian. Yo parto de un axioma fundamental: la colectividad sólo puede ser gobernada o articulada justamente si se toma nota del pluralismo, o sea, si para su pervivencia no tienen que neutralizarse o eliminarse determinados grupos sociales por razón de su inclinación política. O sea, que en cualquier modelo debe haber sitio para el conservadurismo en la medida en que éste respete el pluralismo. Por eso además me revienta el liberalismo conservador y sus categorías excluyentes del interés general, el sentido común, etc. Ahora bien, eso quiere decir también que la izquierda liberal (o socialdemocracia) tiene su sitio, que no es el mío y que es un sitio venido a menos porque ha perdido todo contacto con parte de su hipotética base social. Y eso quiere decir también que la izquierda federalista, comunista, ecologista, socialista o anarquista ha de tener también su lugar, proporcional al apoyo recibido. Pues bien, visto que esta última izquierda, en cuya órbita me coloco, cuenta con el handicap de su fuerte vinculación con el totalitarismo (absurdo, inútil y contraproducente es negarlo, aunque bien es cierto que el conservadurismo y el liberalismo económico lo niegan, cuando son los padrinos de regímenes totalitarios igual o más sanguinarios que los comunistas) y del maximalismo irrealista de algunas de sus proclamas, la gobernación de izquierdas ideal es la que sume los esfuerzos de ambas, pero, claro, no por un desplazamiento filantrópico del sol hacia el planeta, sino por un apagamiento progresivo de esa socialdemocracia declinante y un resurgimiento verdadero de la izquierda real, cada vez más solar. Esa es mi receta, en la que, evidentemente, va incluida una buena dosis de deseo. Qué le vamos a hacer, es uno de izquierdas y presa al final de situaciones ideales...
Un abrazo a todos

Eitan dijo...

Las categorías son instrumentos imprescindibles para analizar la realidad, pero dudo mucho que totalitarismo sea algo más que un insulto con coartada intelectual que hizo fortuna durante la guerra fría para poder poner en el mismo saco a regímenes tan dispares como los nazi-fascitas y el estalinismo. y seguidamente añado, eso no implica una implícita defensa del estalinismo ( tpc. del nazismo o fascismo, faltaría plus). Las categorías son útiles, pero hay que procurar no confundirlas con la realidad, lo mismo pasa con los deseos, y aunque en ultima instancia, en la base de nuestras opciones políticas hay un elemento más que ideal, diría yo que de fe, las recetas sin dejar de aplicarse el optimismo de la voluntad no deberían renunciar a cierto pesimismo de la razón, eso sí muy, muy atenta a la realidad. Por otro lado me hace gracia, atento a que los “maximalismo irrealistas”, dejan de serlo cuando los defienden Obamas, tu solución en el fondo pasa pq dejemos de tener porqueros de voceros y busquemos agamenones con mayor credibilidad. Dick, si en el fondo estamos de acuerdo; por desgracia, no es el programa lo que da votos. Ahora bien no nos pongamos sorelianos que después pasa lo que pasa, no hay que renunciar a la razón para analizar fenómenos irracionales

Dick Turpin dijo...

Estimado Etian, estoy de acuerdo contigo en las intenciones habituales que están detrás de la permanente invocación al totalitarismo: desacreditar a uno de los contrincantes suprimiendo toda argumentación ulterior. Es un recurso de indolencia y prepotencia, tal y como lo aclaraba Zizek.

Pero poco ayuda a la izquierda desconocer, primero, el beneficio que reporta esa burda estrategia, y segundo, la realidad innegable en la que, siquiera de modo remoto y distorsionado, se basa. Poco cuesta y mucho gana la izquierda marcando severamente las distancias con la burocracia criminal estalinista, al modo en que lo hace en la teoría, por ejemplo. Cornelius Castoriadis.

Pragmatismo, estrategia y materialismo (que no irracionalismo), liderazgo y cohesión son, a mi entender, las grandes carencias de la izquierda real actual. Más vale, desde luego, actuar conforme a la relación de fuerzas vigente con el fin de modificarla, que no cesar de criticarla con verdades intachables e inocuas desde la atalaya de la pureza moral. Porque no se trata de llevar o no razón, sino de poder aplicar nuestras razones.

Pero, como bien dices, no sólo en el fondo, sino en la superficie, estoy de acuerdo con tus planteamientos. Y, por cierto, muy aguda tu alusión a la fe.