lunes, 9 de noviembre de 2009

Los comunismos

Hemos tenido durante el fin de semana y hasta hoy efemérides y acontecimientos que conciernen a la historia y al presente del comunismo. El siete de noviembre se celebraba la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques, mientras que hoy se recordaba el derrumbe del Muro de Berlín y la caída del telón de acero. Entre un día y otro, el Partido Comunista de España elegía un nuevo secretario general, un señor llamado José Luis Centella que dice que los comunistas no deben pedir perdón por nada.

A un intelecto atravesado por el consenso generalizado, tales palabras pueden resultar escandalosas, por prepotentes y obstinadas. Sin embargo, puede también que dicho aserto presuponga sin decirlo la existencia de varias familias comunistas dentro de la tradición genérica del comunismo. Si conociésemos la historia de la Europa del Este y hasta del continente asiático más allá de la vulgata periodística, seguramente percibiríamos una heterogeneidad que nos pasa inadvertida por la tacha global de sovietismo. Lo que a estas alturas sí debiera ser evidente para cualquiera con buena fe o con creencias opuestas a la dictadura nacional-católica es que, en nuestra historia patria reciente, los militantes comunistas desempeñaron la impagable labor de luchar casi en solitario y en la clandestinidad contra Franco. Y una vez muerto el dictador no dudaron en desvincularse y enfrentarse al estalinismo y sostener que 'Dictadura, ni la del proletariado'.

Por eso puede ser interesada la condena del comunismo español, que tiene procedencia e itinerario propios, aprovechando el fracaso del comunismo eslavo. Y no deja tampoco de haber buenas dosis de propaganda, simplismo interesado y mitología en las interpretaciones oficiales, al parecer indiscutibles, sobre la caída del régimen soviético. En primer lugar, se presenta aquella realidad y su derrumbe como si los Estados fuesen mónadas, es decir, como si tal desplome obedeciese tan solo a causas endógenas al comunismo y a él no hubiese contribuido, a veces con tácticas criminales, la política exterior occidental. En segundo lugar, a la cantidad de información propagada por nuestros lares acerca de las paupérrimas condiciones de vida en la URSS ha seguido un apagón que no deja ver los restos del socialismo real, no vaya a ser que nos dé por creer que una sociedad minada por las mafias, la explotación sexual y la muerte prematura no es preferible a una socialista. Y en tercer término, aun sin ser exhaustivos, aquella bipolaridad se presenta de un modo simplificador, como si de una historia de buenos y malos, de libertad y opresión, se tratase. Aparte de su carga religiosa, este relato que no resiste contraste analítico alguno desconoce lo que de positivo pudo hacerse en aquella experiencia, lo que la presión comunista supuso de avance en la Europa del Oeste y, sobre todo, lo que de aberrante tiene también el capitalismo.

Por eso avisaba Julio Cortázar hace casi tres décadas de que el socialismo latinoamericano, justo después de la revolución, había dejado de ser utópico y de tener como referencia un modelo antropológico ideal e imposible. En consecuencia, como cualquier otro sistema, tenía desviaciones particulares y coyunturales, sin que por eso hubiese de quedar descartado por irracional todo el conjunto, justo como curiosamente ocurría con el capitalismo según sus defensores, que admitían los daños colaterales que éste provocaba sin desacreditar el modelo globalmente. Por eso, en efecto, resulta tan inverosímil una crítica que se escandaliza con el número de muertos que el comunismo ha producido en nombre de una idea sin que le tiemble un músculo cuando se enfrenta a la montaña de cadáveres que han dejado atrás ideales liberales, burgueses o premodernos como la civilización, el progreso, el mercado o la religión.

Ahora bien, dicho esto, no puede dejar de señalarse la falta absoluta y rotunda de estrategia que exhiben esos líderes comunistas al negarse con rodeos y precisiones a condenar abiertamente y sin ambages la barbarie comunista. Puede resultar muy razonable, honesto y veraz hacer todos los recordatorios indicados, pero en la lucha por el poder político no se dirime la veracidad sino la capacidad de convicción. Y hoy carece por completo de ella quien no reconoce sin piruetas que los regímenes comunistas supusieron en demasiados puntos una aberración intolerable. Si comenzaran a admitir sin fisuras el tremendo error que supuso dicha experiencia se percatarían de algunas de sus causas y dejarían de incurrir en él.

En especial, de una: el dogmatismo ideológico, el integrismo político, el fundamentalismo de los ideales y las convicciones. A este respecto no está mal señalar, como lo hacía Adorno, la insalvable aporía que supuso la conversión del marxismo en "un dogma estático, insensible a su propio contenido, en una ideología", cuando "Marx habría sido el último en separar al pensamiento del curso real de la historia". Recuerdo en este sentido todavía el impacto que me provocaron las memorias de Henri Lefebvre y su introducción a Lógica dialéctica y lógica formal: aquello, el Partido Comunista Francés, aparte de un mecanismo óptimo de socialización de la clase trabajadora, era una institución que fiscalizaba hasta la neurosis la libertad ideológica y, por ende, la capacidad de crítica. A cualquiera que no se atenía a la ortodoxia más purista le montaban un juicio inquisitivo que podía terminar con su anulación civil o, en el peor de los casos, con su ajusticiamiento. Hasta el mismo Louis Althusser terminó denunciando aquella perversidad en sus retractaciones casi póstumas.

Y ese es, a mi juicio, el problema: ¿qué llevó al comunismo a creer que la socialización de la economía suponía por fuerza una negación de libertades individuales como la de pensamiento, culto, crítica, residencia y movilidad? He ahí uno de los gravísimos errores de aquel sistema, hoy todavía visible en sus legatarios más directos. Como decía Hans Kelsen, no hay necesidad de ligar la intervención comunitaria en la producción y la supresión de derechos básicos, como tampoco hoy puede seguir vinculándose el florecimiento capitalista a las libertades civiles.

Mi hipótesis al respecto es que la URSS no supo remontar el curso de la historia y permaneció estancada, como una foto fija de sí misma, en el tiempo en que nació como oposición al régimen liberal decimonónico y en que creció oponiéndose al fascismo y al nacionalsocialismo propagandistas. Pero esa crítica primigenia a los derechos elitistas del sistema burgués, o bien a la nacionalización opresiva de las masas impulsada por el fascismo, tendría que haberse convertido, tras la II Guerra, en una mayor permeabilidad a una Europa en que los derechos ya sí tenían mayor vocación de universalidad, hasta el punto de que su goce llegó a ser mejor garantía de cohesión social que la dispensada por el aguerrido patriotismo.

Como esta apertura al constitucionalismo social no se dio, así les fue a los comunistas en todos los órdenes, ensimismados como estuvieron hasta el final con sus espionajes, sus disciplinas y sus purgas. Y si el comunismo español no se inscribe en esa tradición que el comunismo en general rechazó estará abocado, seguramente, a un fracaso igual de estrepitoso.

16 comentarios:

Non Sola Scripta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Non Sola Scripta dijo...

He borrado, por error, mi comentario. Yo y mi manifiesta torpeza informática. Muy brevemente, creo que es instructivo analizar el comunismo desde el punto de vista social: ¿por qué la represión tras el muro fue la que fue?; desde el punto de vista económico: ¿por qué esos países estaban sumidos en la ruina y se mantuvo la ficción de su existencia sólo gracias a créditos occidentales?; y desde la perspectiva histórica: ¿por qué hace Gorbachov ese movimiento? Hay incluso más persectivas: si la izquierda actual se ha envuelto en la bandera del ecologismo,¿cómo es que su bloque favorito de entonces era tan sumamente destructor del medio ambiente?

Se pueden añadir más, como la perspectiva psicológica (curiosos personajes esots Honecker o Jaruzelski), pero las de arriba dan para mucho.

Mar Fernández dijo...

Gracias por tu amable comentario, Sebas.

Sobre los comunismos, tienes toda la razon. Tanto en que no se pueden confundir todos los sistemas del otro lado del muro (por ejemplo: la Albania de Enver Hoxa no tuvo nada que ver con la Yugoslavia de Tito, que de hecho era un pais no alineado), como en que no todo ha mejorado desde que la URSS desaparecio (por ejemplo, ahora Rusia y Ukrania exportan huerfanos a España porque no pueden hacerse cargo de sus hijos), como en que la historia del comunismo español tiene mas que ver con el antifascismo que con las depuraciones y los gulajs. Tambien es cierto que fue un tremendo error asumir que el reparto de la riqueza tiene que ir acompañado de la eliminación de libertades publicas: a ver si en el proximo intento eso lo hacemos mejor.

Sin embargo, y no se si es cierto o solo una percepción, me parece que nos pasamos la vida pidiendo perdon. Por lo menos yo. Por cosas que pasaron antes de que naciese. Que siempre que uno va a defender el socialismo tiene que empezar diciendo que se hicieron cosas terribles en su nombre.

No veo que los teóricos del capitalismo hagan lo mismo, hemos tenido una catastrofica crisis financiera y de la famosa refundacion no queda nada, ningún cambio esencial. Las políticas de librecambio llevan decenios fracasando a la hora de favorecer el desarrollo de los países mas pobres y, desde los teóricos del capitalismo, no se ha hecho ni un leve intento de desarrollar una teoría alternativa dentro del propio capitalismo. He tenido la fortuna de ver con mis ojos los desastres del capitalismo: por ejemplo en Mali o en Ghana. Y aún no entiendo por que yo tengo que andar pidiendo perdon por los fusilados por Stalin (que, dicho sea de paso, tiene bastante poco que ver con migo en lo ideológico) mientras que los defensores del libre mercado siempre le hechan la culpa de los millones de muertos por hambre a otros.

Mar Fernández dijo...

Supongo que habras visto esto: http://www.elimparcial.es/nacional/el-fin-de-las-sandeces-el-caso-del-pce-51858.html

Dick Turpin dijo...

Para NSS. Muy buena y completa propuesta de análisis. Por mi experiencia, a poco que te pones a estudiar un asunto, lo que se te presentaba sumido en la homogeneidad de una calificación veloz comienza a resultar complejo, multifacético y heterogéneo. Quizá pase algún día lo mismo con los regímenes del Este, que no eran solo represión, aunque la memoria de ésta, como la del fascismo aupado por tradicionales e industriales, no haya que dejarla atrás nunca.

Por cierto, a la Alemania que se pasaban los del Este, pese a las simplificaciones, resulta que era esa Alemania del Estado del Bienestar. ¡No iban a preferirla antes que la República democrática! No saltaban, en cambio, al capitalismo feroz, que quizá sea en el que ahora están, manteniendo en cambio la falta de libertades políticas de antaño (si te vas a Rusia)...

Dick Turpin dijo...

Para Mar. Muchas gracias por acercarte al blog. Yo leo con sincera admiración el tuyo. Ya te contaré sobre la reunión del CEPS. A ti y a Rafa. A ver si montamos algún grupo de juristas críticos. Vi allí buena disposición de alguna gente muy valiosa.

Y sobre el comentario, qué puedo decirte, si no que llevas toda la razón. Ahora bien, eso es parte del problema: no se trata de llevar razón, de atesorar la verdad, de ser más objetivos, sino de ser sencillamente estrategas sin faltar a los principios. Y hoy, además de poco ético, es del todo contraproducente andar tirando balones fuera cuando se trata de condenar lo que no tiene excusa.

Un saludo afectuoso

Federico Fernández-Crehuet dijo...

A non sola, ¿ ha conocido algún país del Este de primera mano? ¿Cuánta gente hay sumida en la ruina tras la caída del muro en los antiguios países del Este?¿Qué esperábamos los del Oeste cuando cayera el muro? La fábricas de Porsche y WV en Chequia son una buena prueba de nuestras deseos puros de solidaridad, ¿verdad? Saludos, k

Anónimo dijo...

Federico,
Yo sí he visitado países del Este. Hungría, Chequia, Bosnia...
Hace dos años estuve en la Bielorrusia de Lukashenko. Una dictadura disfrazada de democracia con presos políticos, represión a estudiantes y periodistas y fraude electoral masivo. Ni siquiera le han cambiado el nombre al antiguo KGB que, por cierto, nos sometió a estricta vigilancia.
Pero, de hecho, eso es exactamente lo que se da Rusia, Kazakhstán o Kirguizistán, países en los que, además, se asesina a periodistas, a activistas de los derechos humanos o a pueblos enteros.
¿Por qué, entonces, Bielorrusia está en el Eje del Mal y las otras repúblicas son aliadas de occidente?
En mi opinión, porque en toda la antigua URSS rige el capitalismo más salvaje del planeta. Especialmente en las repúblicas con petróleo.
En cambio en Bielorrusia el 80 % de la economía está en manos del Estado. A diferencia de Rusia, en Bielorrusia no existen desequilibrios económicos brutales, no hay desnutrición, no hay familias sin gas...
Bielorrusia no es enemiga de Occidente por su desprecio a los derechos humanos sino por su desprecio a la liberalización de la economía.
Es una prueba más de la hipocresía del discurso neoliberal que pone por encima de los derechos humanos las libertades económicas.
Saludos desde Barcelona

asterix dijo...

1. No entiendo bien el argumento que sostiene el post: ¿por qué iba el PCE actual a pedir perdón por los crímenes de los partidos comunistas de la URSS y Europa del Este, más aún cuando tú mismo reconoces que la tradición comunista española, si ha mantenido algún vínculo con ese comunismo, ha sido crítico?
2. Y ¿cómo, pues, no iba el marxismo a convertirse en ideología él mismo? No comprendo muy bien a qué te refieres cuando, citando a Adorno, afirmas que "Marx habría sido el último en separar el pensamiento del curso real de la historia".
3. Por otro lado, desde un punto de vista teórico, Marx, al señalar las contradicciones de la sociedad burguesa mostró a las claras una metodología que sitúa a la dialéctica en el centro, como es conocido. Pues bien, también el comunismo posteriormente ha sido víctima de ese proceso dialéctico de desenmascaramiento y ha encontrado su contradicción (o contradicciones).
4. La pregunta es si sería posible servirse hoy en día del marxismo para construir discursos políticos nuevos. Mi respuesta es negativa, y no porque la filosofía marxista no sea cercana a nuestra actual vivencia, ya que, en efecto, siendo justos debemos atribuir su parte de los logros sociales a la construcción arquitectónica de este gigante del pensamiento y de otros intérpretes y epígonos, sino porque el marxismo va necesitando desde la caída del muro una nueva lectura de conjunto no dogmática, que extraiga los recursos necesarios para construir nuevos edificios sólidos que afronten los problemas de hoy. Me inclino por pensar que esto no es aún posible por su uso y abuso, y que el marxismo pierde interés a pasos agigantados.

Non Sola Scripta dijo...

Sí, algo conozco del antiguo bloque socialista, Federico, no sé cuánto conocerás tú, con los propios ojos y por libros, yo algo conozco. En fin.

Efectivamente, Dick, todas las cuestiones muestran múltiples aspectos cuando son examinadas. Y sí, muy acertado tu comentario acerca de que se huía desde el Este a un Estado del Bienestar mucho más amplio que el actual; el problema con este tipo de Estado es que resulta insostenible. No sacrifiquemos lo que está regular en aras de lo que es perfecto e imposible. Además, una de las razones por las que el Estado de Bienestar alemán quebró fue por la reunificación. Hubo una cuestión central: cada marco del Este se cambió por un marco del Oeste cuando, en realidad, valía 1/4. Es como si cada alemán occidental le hubiera comprado un coche de gama media a cada alemán oriental, según un economista germano.

Ya me parece poco menos que una broma hablar de las virtudes económicas de Bielorusia. Se trata de un país con gran parte de su población por debajo del nivel de pobreza y una inflación bárbara (a pesar de su crecimiento). El socialismo ha hecho de las suyas y la tierra busca, aún, quien la cultive. Aparte de que, efectivamente, no es un dechado en la defensa de los derechos humanos.
En consonancia con Astérix.

Dick Turpin dijo...

A Federico: ¡bienvenido al blog! Muchas gracias por participar en él. En efecto, y pese a mi culpable desconocimiento, creo sino dudoso al menos discutible que la caída del muro y la entrada en el capitalismo se haya traducido en una mejora sustancial del nivel de vida en la mayoría de las sociedades.

Dick Turpin dijo...

Muchas gracias también a ti por participar, estimado Anónimo barcelonés. La verdad es que soy el primero que aprendo con vuestras intervenciones. Y concuerdo bastante con la idea de fondo del cinismo occidental-capitalista respecto a la concepción de las libertades. Eso mismo llevan demostrándonos durante décadas...

Dick Turpin dijo...

Para Asterix, en respuesta a tus réplicas:
1. No afirmo que el PCE haya de pedir perdón. Lo que sostengo es que ha de reconocer errores gravísimos sin vericuetos ni giros esquivos. Solo así se librará de incurrir de nuevo en ellos.

2. La doctrina marxista pudo no convertirse en ideología si sus seguidores hubieran atendido a su principio motor, el historicismo materialista, que obliga al pensamiento a adecuarse a las circunstancias materiales vigentes en cada momento. Y como puedes comprender, tales circunstancias han cambiado sustancialmente, pues en 1850, con Estados incipientes, con un poder público de escasa legitimidad todavía y con gran aglutinación obrera era perfectamente verosímil sostener la vía revolucionaria.
3. Nada que objetar
4. Mi respuesta es positiva por lo que comentaba anteriormente. El marxismo puede continuar inspirando el pensamiento en la medida en que transmite una sensibilidad materialista e historicista bien minoritaria en una actualidad en la que prima el idealismo y el naturalismo.

Dick Turpin dijo...

Para NSS. Vuelvo a confesarte, estimado amigo, mi predilección por leerte. Aprendo mucho con tus post's y comentarios, que me suscitan unas ganas enormes de debatir y comentar. De hecho, creo que escribiré en los próximos días un post sobre eso de saltar el muro. Mi discrepancia se refiere a los criterios que empleas para sostener que algo es insostenible. ¿Es entonces sostenible un modelo que va camino de costarle al contribuyente billones de dólares? ¿es sostenible un modelo basado en el crecimiento permanente, o sea, en la exigencia ineludible, por ejemplo, de vender más coches cada año? No sé qué razonamiento es más esquizofrénico e irracional, o sea, insostenible, si abogar por un Estado del bienestar aunque ahogue cotas máximas de desarrollo y riqueza o apostolar un capitalismo necesariamente destructivo...
Un saludo afectuoso

Non Sola Scripta dijo...

Muchas gracias por leerme y por tus elogios, Dick. Yo también te sigo y me haces reflexionar. Me invade contigo una extraña sensación de dialogar con mi yang. Si NSS no tiene largo recorrido, posiblemente limite mi actividad blogger a comentar en Deine Zeit.

Un Estado del Bienestar como el que tenemos actualmente resulta casi sostenible, el otro, el Sueco, por razones puramente matemáticas, no. Digo "casi" porque no se debe escamotear el problema de que cuestiones como las pensiones actual peligran simple y llanamente por la demografía.

¿Es sostenible un sistema que obliga a que cada año se vendan más coches? No, no lo es; está claro que se requiere una corrección. (¿Cuándo alguien, desde un partido, celebrará que se haya reducido el PIB? Ni IU se atrevería actualmente).

Yo también quiero escribir algo sobre el muro. Y creo, sinceramente, que poco revisionismo se puede hacer respecto a la vida que había tras él. Cuando uno ha visto las colas en Polonia para conseguir 200 gramos de carne, la penetración social de la Stasi o el comportamiento de los burócratas rusos, en fin, el Estado no puede declararse, tampoco, libre de toda culpa.

Dick Turpin dijo...

Claro que no es inocente, NSS. De hecho, ese es uno de los puntos que intento abordar en este post. Me resulta intolerable hasta el grado más alto el dogmatismo ideológico y las cazas de brujas. Y si ya he tenido la oportunidad de comprobar con amigos por qué no soy comunista, no me quiero imaginar lo que habría que sentir como miembros de esos partidos estalinistas que cuidaban la ortodoxia hasta en la colocación de una coma.

Como nunca me ha gustado especialmente la pasta, no me molestan las intervenciones en la economía, pero lo que no soportaría es el control de la libertad de pensamiento. Tampoco, desde luego, que hasta un heladero sea funcionario del Estado.

En el fondo, creo que lo que ocurre es que soy profundamente antirreligioso. De ahí procede mi alergia frente al comunismo como ideología implacable, y de ahí quizá provenga también mi rechazo al neoliberalismo tal como éste se postula, es decir, como un dogma que responde a cinco o seis axiomas fácilmente desmontables que pretenden aplicar a todas las cosas. Lo malo es que al incurrir en el dogmatismo, el liberalismo se destruye a sí mismo, ya que nació precisamente para combatir los dogmas, la superstición y para devolver al hombre su destino, que se hallaba en manos de cardenales y reyes.

Y gracias a ti también por tus palabras, pero que no se te ocurra dejar el blog, que es de lo mejor que circula por la red!