domingo, 1 de noviembre de 2009

Palabra de economista

Tienen estos señores una interesada inclinación por presentar su disciplina como si de una ciencia exacta se tratase. La noche del jueves pasado, el reconvertido Ramón Tamames se quejaba en un programa del canal 24h de que todo el mundo quisiese opinar autorizadamente sobre economía, dislate que no se aprecia, por ejemplo, en el área de la neurocirugía. Recuerdo en este sentido mi curso de economía política, en la que por cierto obtuve matrícula de honor: se trataba de pronosticar con fórmulas matemáticas el curso de la macroeconomía introduciendo alteraciones en algunos de sus factores (el PIB, la inflación, el consumo, los salarios, etc.). Unos derroteros formalistas y matematizados en los que la ciencia económica, a juzgar por lo que Danae estudia en su carrera de empresariales, no ha cesado de adentrarse.

Sin embargo, mal que les pese a los economistas, que quisieran verse nimbados con la aureola de la infalibilidad, su disciplina es una ciencia social y humana, es decir, falible, contingente y atravesada por factores que no pueden pronosticarse ni abstraerse hasta convertirse en una pura fórmula. Lo demuestra su ceguera supina ante la crisis que se nos avecinaba, un buen caso para recordar a Tamames que la ciudadanía de a pie puede estar más próxima a las verdades de la economía que sus propios y presuntuosos expertos. Mas la cuestión es que, como acontece en todas las ciencias, incluidas las naturales y exactas, también la economía se constituye por debates y polémicas, por desacuerdos y paradigmas antagonistas con concepciones divergentes en torno a la verdad (económica). Cierto es que la corriente dominante es entre nosotros, desde hace tiempo, la liberal, pero esto no borra la existencia de relatos alternativos y, además, nos aclara ya que detrás de esa pretensión formalista, exacta y matemática no subyacen sino los deseos de hegemonía de una visión economista particular, la estratagema que ésta despliega para convertir sus postulados en universales y verdaderos, por encima de cualquier discusión o debate científicos.

En el coro de voces disonantes se encuentran, entre otros, Juan Torres López, cuyo blog está aquí enlazado, o el venerable José Luis Sampedro, quien inspira estas letras de hoy. Acabo de ver una entrevista suya en CNN+ mientras desayunaba. En ella señalaba con sensatez tres hechos a mi juicio bien contrastados y me atrevería a decir que hasta incontrovertibles. En primer lugar, el crecimiento económico indefinido que persigue el capitalismo resulta inviable, de ahí la reaparición crónica de las crisis y los reajustes o la finalmente inevitable carestía de recursos debida a su actual saqueo. En segundo lugar, los individuos se hallan forjados por la economía, lo cual significa, fuera de Occidente, esclavitud y condiciones de vida infrahumanas, y dentro de éste, una vida alienada en la que la mente y los sentimientos de la mayoría se encuentran atrapados por la incertidumbre y la planificación laborales en lugar de abiertos a las relaciones con nuestros semejantes. Y en tercer término, el ritmo impuesto de modo heterónomo a los individuos para satisfacer sus necesidades vitales termina contradiciendo a éstas, según demuestra el alto grado de patologías psicológicas y somáticas derivadas directamente de la difícil adaptación a nuestra economía selvática.

Si para muchos se trata de atribuir veracidad a todo lo que sea enunciado por boca de un economista, me pregunto si el título de catedrático que en tal materia ostenta Sampedro servirá para al menos meditar sobre estos extremos, tan veraces como preocupantes.

2 comentarios:

La Astilla dijo...

Pocas veces se pone a la "ciencia" de la economía en su sitio. La pena es que no se da voz a gente como Sampedro con suficiente frecuencia.
Este interesante artículo se pregunta si el capitalismo es una enfermedad:

http://findarticles.com/p/articles/mi_m1132/is_4_52/ai_65805749/

http://blogdelaastilla.blogspot.com/

Dick Turpin dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Elena. En efecto, las voces críticas suelen ser silenciadas. Y lo peor es que cuando las sacan en medios generalistas como CNN+ lo hacen con la intención de revestirse de un falso pluralismo. Sólo internet y el mercado editorial canalizan con generosidad a las voces discordantes.

Un saludo