lunes, 2 de noviembre de 2009

Una cuenta bien sencilla

Son muchos los que me han criticado, por falta de pragmatismo, mi opción por vivir de alquiler en lugar de encadenarme a una hipoteca. "Si al fin y al cabo pagas lo mismo cada mes", "si es dinero desperdiciado", "de ese modo no le dejas nada a tus hijos", vienen a decirme. Y siempre contesto lo mismo: si comprase una vivienda pagaría más cada mes o viviría donde decididamente no me gustaría vivir, en una barriada de la periferia.

Mi apreciación se basa además en datos empíricos y mensurables. Actualmente resido en un ático del centro de mi pequeña ciudad. Tiene unos ochenta metros cuadrados y tres habitaciones, las suficientes para los tres que sumamos en esta familia, necesitando uno de ellos, yo, un cuarto de trabajo. Hace tres años comencé pagando 650€ al mes, que se han convertido hoy en 675€. Pues bien, el dueño del inmueble, cuando lo íbamos a alquilar, nos lo ofreció en venta. El precio por entonces ascendía a 360.000€. Convengamos en que la crisis y la atmósfera actual pudieran hacerlo descender hasta 300.000€, pero no mucho más, visto los 250 que ya pagó por él el actual propietario. ¿Qué hubiera supuesto optar por la compra? Calculémoslo.

Con el actual tipo de interés, que es el más bajo de la corta historia del Euribor, y sin ahorros previos de consideración, que uno no los tiene ni falta que hacen para alquilar, habría implicado una letra de 1.180€ durante 30 años, si hubiésemos contratado la hipoteca con la entidad más económica, ING direct. Multipliquemos ahora ese importe por las 360 mensualidades finales: con sesenta y seis años podría ya ser el titular de mi pisito tras haber pagado por él 424.800€, casi setenta y cinco millones de las antiguas pesetas.

Con esta cuenta se pone ya de relieve un vicio lingüístico que tergiversa el precio de los inmuebles. Cuando a alguien que acaba de adquirir su vivienda le preguntan por lo que ha pagado por ella contesta casi sin excepción el importe de la venta deducidos los intereses de la hipoteca. En cambio, vemos cómo una casa de cincuenta millones te cuesta al final setenta y cinco, o bastantes más, si al Banco Central le da por subir los tipos. Pero es otra cosa la que me interesa resaltar: ¿cuántas mensualidades de alquiler, ese dinero tirado, caben en dichos intereses, ese dinero también tirado? En nuestro caso el equivalente a más de quince años de renta. Sólo a partir de los cincuenta comenzaría yo a pagar por mi alquiler lo que el comprador abona estrictamente por su propiedad. Y todo ello proyectando hacia el futuro la situación presente, es decir, sin calcular ni las subidas de la mensualidad del alquiler pero tampoco eventuales vaivenes en los tipos de interés.

El asunto, entonces, no es sólo una cuestión de necesidad e impedimento, pues en mi caso es imposible deshacerme de más de la mitad de mis ingresos actuales para tener una vivienda; tampoco es sólo un tema de preferencias, ya que tiene uno inclinación por vivir en el centro de las ciudades y eso, para las adquisiciones, es prohibitivo en comparación con los 200.000€ que cuestan los pisos y adosados de la periferia. El punto es de pura matemática: mientras unos prefieren dar buena parte de su dinero a un banco, yo se lo paso a un particular a cambio, claro, no de tirarlo por la ventana, como me replican, sino de vivir en un hogar cómodo, amplio y céntrico.

Y toda esta monserga no viene sino a otra de esas sesiones reveladoras de clases de alemán: entre mis compañeros hay dos chicas, una que se aproxima a los treinta años y otra que los ha superado, que aún viven con sus padres incluso teniendo vivienda propia, y todo porque están pagando una hipoteca pero no tienen un duro para montar y amueblar sus casas. Y es aquí donde probablemente radique la principal ventaja del alquiler, que deja relativamente expedito el camino a la independencia, un bien valioso e imponderable que acaso merezca, al menos de forma transitoria, renunciar al ruralista instinto adquisitivo.

4 comentarios:

Mar Fernández dijo...

..le voy a mandar a mi madre las cuentas que has hecho, que es de las militantes de la hipoteca...

Hay, además, otros argumentos no económicos, aunque a los funcionarios no os afecten tanto.

Primero, si estas invirtiendo tal cantidad de euros en tener una casa "tuya", vas a ser mas reticente a la hora de cambiar de residencia, y por lo tanto vas a tener mas miedo a cambiar de trabajo, a los niños de colegio o de mudarte a otra ciudad, es decir, vas a desperdiciar oportunidades de todo tipo. Eso, dejando a un lado que en este momento es imposible vender algunas casas, y por lo tanto no es que vayas a ser reticente, esque te va a resultar imposible.

En segundo lugar, si tienes un contrato de alquiler y te quedas sin ingresos, puedes tirar de ahorros una temporada, mudarte a un sitio mas barato o volver a casa de tus padres o de un amigo benevolente, y no tienes que pagar nada. Sin embargo si tienes una hipoteca no te salvas: cuando dejes de tener dinero, empezaras a tener una deuda con el banco de la que tampoco es fácil librarse en este momento porque no hay quien venda una casa.

Por último un problema de índole sentimental. Si vives en pareja de alquiler, ademas de que sueles tener mas porcentaje de salario disponible, si te separas cada uno se va por su cuenta a otro alquiler mas barato o compartido. Sin embargo las separaciones con hipoteca de por medio son mucho mas difíciles porque hay un tercero en discordia, un banco, que lo mismo se niega a cambiar la titularidad del prestamo que te pide mas avales, y todo eso no es nada fácil de gestionar con una relacion que se rompe en medio.

Dick Turpin dijo...

Excelente ampliación Mar! Por eso hacía alusión en última instancia a la independencia que te permite el alquiler en comparación al encadenamiento casi vitalicio a una letra de hipoteca. Desde que tengo 18 años vivo fuera de casa, he residido en seis ciudades (Huelva, Madrid, Sevilla, Lecce, Lisboa y Frankfurt) y en un total de doce pisos, algo que, como dices, me hubiese resultado impensable siendo propietario.

Un saludo!

Dick Turpin dijo...

Ah, por cierto, yo no soy funcionario, sino laboral, con un contrato de investigador por tres años, corriendo ahora el primero de ellos en su último tercio.

Mar Fernández dijo...

Ah, que no tienes plaza! Pues en tal caso si que te afectan, y un monton, porque a ver como te presentarias a una plaza a, pongamos por caso, 450 km de donde tienes la hipoteca...