martes, 1 de febrero de 2011

La revolución en los informativos.

Decididamente, los medios solo están capacitados para transmitir la información simplificándola hasta el punto de tergiversarla, malformarla y tornarla incomprensible. Falla el tiempo y la forma, la brevedad con que ha de comunicarse un asunto complejo, repleto de implicaciones y concomitancias, y el formato de los titulares y de las frases efectistas. Por eso es natural, pero irritante, que algo tan profundo y decisivo como es una revolución social, la que ahora está aconteciendo en buena parte del mundo árabe, resulte examinado y difundido con un lenguaje estrecho e insuficiente, acuñado históricamente por el poder, y con unos patrones simplificadores y unidimensionales.

Para profunda decepción de quien suscribe, era nada menos que Enric González quien encabezaba hace dos días un artículo sobre la revolución de Egipto (¿dónde está ya, perdonen, el vórtice del presente torbellino, Túnez?) con un titular que aludía a "los actos de vandalismo" y los "saqueos" que estaban suponiendo las movilizaciones. Líneas más adelante se revelaba que una de las circunstancias más frecuentes en estos días eran los ataques a las propiedades de la clase alta egipcia. Ni una conexión, ninguna relación, claro, de estos desfogues con el conflicto de clases que evidencian, con la catarsis y depuración de un resentimiento provocado por una distribución manifiestamente inquina de la riqueza, que no se corresponde en absoluto con los esfuerzos invertidos para producirla.

Pero lo decepcionante no era este olvido de la lucha de clases como motor apagado, pero subsistente, de la historia. La desilusión procedía de contemplar la reproducción acrítica de la lengua del poder por parte de una firma independiente. ¿Tan difícil es comparar los saqueos, el vandalismo, el robo y el expolio a gran escala promovidos por los actuales oligarcas en crisis y el supuestamente realizado por el pueblo, o por los elementos más radicales de éste? ¿Por qué entonces no se mencionan esos mismos términos, los del expolio y el sabotaje, para describir la acción de unos gobernantes que han exprimido al pueblo hasta exasperarlo?

La cosa continúa. Otra periodista de rigor como es Pepa Bueno, poco antes de prestar su edición a la más burda e insultante propaganda gubernamental con un publireportaje sobre los males del tabaco, abordaba la crisis egipcia con el vocabulario disponible: 'búsqueda de normalidad', 'caos', 'seguridad', etc. El mismo Lorenzo Milá, otro tipo competente, aludía a las (cínicas) peticiones por parte del gobierno estadounidense de una 'transición tranquila a la democracia' (ah, entonces, hasta ahora, eran aliados de un dictador, ¿no?) para evitar 'un vacío de poder'. ¿Un vacío de poder, justo ahora, cuando la fuente de todos los poderes se está manifestando, cuando el origen del poder, desde Roma y la Edad Media hasta nuestros días se está haciendo presente? ¿O es que seguimos teniendo una mentalidad tan poco democrática que el poder solo nos resulta concebible cuando un señor muy principal manda a toda una colectividad?

Y, para cerrar, termino escuchando los comentarios del adjunto de Vicente Vallés en la Noche en 24 horas al discurso de Mubarak: 'lo que los manifestantes solicitan solo y exclusivamente es que el presidente dimita, que Mubarak se vaya; solo con que esto ocurra, los manifestantes aseguran que se dan por satisfechos y que pondrán fin a sus reivindicaciones'. Me he quedado literalmente boquiabierto al escucharlo. Sus palabras me han vuelto a demostrar que la meritocracia es un ideal cada vez más lejano. Las múltiples mediaciones e interferencias que se interponen entre un individuo meritorio y la recompensa social logran, con demasiada frecuencia, que en puestos claves, por su proyección pública, no estén más que mediocres, tipos bien relacionados, sujetos que tuvieron la agudeza o la suerte de estar en el sitio oportuno en el momento justo y con los contactos necesarios.
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Y es que, ¿cómo puede afirmarse semejante estupidez? ¿Cómo puede sostenerse que la causa de las movilizaciones la encarna una sola persona, como si la situación de un país dependiese de su voluntad, y no el sistema social en su conjunto, del que el presidente es una pieza más? Parece que, por desgracia, ha calado hondo en esta sociedad esa actitud mesiánica que, en negativo, censura a un solo gobernante como causa de todos los males, y en positivo, como dice mi amigo Esteban Conde, anhela un dictador.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Compi, no olvides otro asunto de de los medios: la preocupación por nuestros pobres turistas que han visto empañadas sus idílicas vacaciones de postal por culpa de una incómoda revolución.

Dick Turpin dijo...

de ello trató hoy Escudier con la ironía de siempre. lo enlazaba en el fcb

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Hola Dick, allí no se habla de lucha de clases y aquí no se habla del golpe de estado económico que estamos sufriendo hace meses. Lo peor de todo es que esto lo esté haciendo la "izquierda". Debería, al menos, estar haciéndolo el que no entiende su propia letra.

Un saludo.

Dick Turpin dijo...

'Golpe de Estado económico', excelente definición Eugenio! Así es: la soberanía del Estado, esa que mucho progresista ha despreciado, era el único bien que tenía la ciudadanía contra la dictadura del mercado. Ahora parece que el Estado ha vuelto a ser lo que Marx decía en el XIX que era: instrumento de dominación en manos y en favor de una clase. Es, desde luego, vergonzoso lo que estamos viviendo; y para mí continua siendo un enigma por qué el presidente se ha prestado a hacer esto en lugar de dimitir...

Un abrazo!