miércoles, 7 de mayo de 2008

Economía y responsabilidad

En los medios filosófico-políticos continuadores -a veces superficiales- del legado de la Ilustración se habla con frecuencia de la responsabilidad social de las decisiones privadas. El burgués con criterio propio e iniciativa económica que tiene en cuenta la repercusión social de sus acciones sería, para esta perspectiva, el prototipo de ciudadano ideal, el miembro de una comunidad que podría devenir espontáneamente ordenada y armónica. Hay dos aspectos de esta comprensión normativa de lo social con los que simpatizo parcialmente: por un lado, parte de una concepción optimista del hombre, cree en última instancia en la bonhomía como regla general del comportamiento humano; por otra parte, también encierra un momento de verdad esta aproximación a las relaciones sociales al ubicar la fuente del orden en la planificación autónoma de la conducta, en lugar de confiarla a su regulación heterónoma. En este punto, dichas apreciaciones confluyen, efectivamente, con la versión más genuina del liberalismo.

Lo que no llego a comprender es la razón por la cual se desprecia una regulación jurídica representativa -por tanto, no heterónoma del todo- que garantice la responsabilidad social de la iniciativa privada. Cuando estos autores proceden de este modo ya están eligiendo el liberalismo en detrimento de la democracia. Por otra parte, quizá sea demasiado ingenuo esperar que la lógica expansiva y depredadora del beneficio privado se paralice de forma voluntaria por efecto de la simpatía con el prójimo. Además, el mismo concepto de responsabilidad nos conduce a la necesidad de una instancia ante la cual pueda hacerse efectiva. Pero la cesación que el Estado no para de hacer de sus funciones parece que elimina cualquier posibilidad de recurrir a ninguna institución capaz de conminar al individuo a asumir la responsabilidad contraída por sus propias acciones. Sólo ha quedado para venir a parchear los estropicios provocados por la anarquía necroeconómica, en feliz expresión del amigo Crates de Tebas.

A ver si entonces quienes claman por la responsabilidad individual autónoma no van a venir a justificar ideológicamente la más desenfrenada irresponsabilidad a la que parece estar abocado el capitalismo...

3 comentarios:

Josué J. Llaves dijo...

Meine Zeit es Deine Zeit, claro que sí, ese tiempo que es tuyo, en el que te sitúas y desde el que observas y escribes. Pero ahora que lo pienso, Meine Zeit es quizá también tu particular Die Zeit, esa cabecera (Politik, Wirtschaft, Kultur und Wissen), que viene desde hace tanto tiempo siendo referencia de rigor y agudeza el análisis. Y por esa razón lo digo, no por ninguna otra que tenga que ver con color político o intereses mediáticos de cualquier tipo que puedan estar detrás de ese periódico. Sea como fuere, es conexión que se me viene a la mente mientras te leo, y por eso te la señalo. Firmo en anagrama, bastante más fácil de descifrar que tu Dicky Turpin. Saludos

Dick Turpin dijo...

¡Qué alegría encontrarte por aquí, amigo y hasta hace horas vecino! También para mí Die Zeit es un semanario de altura, y además su color, por lo poco que pude leer en él, me suscita bastantes simpatías. Lástima que falten las horas y la energía para consultar a diario prensa extranjera, ¿verdad? A veces pienso -y quizás puedas concordar conmigo en ello- que por encima de cualquier problema y carencia políticos, de lo que adolece España es de excesivo provincianismo. Y buen remedio sería conocer de primera mano un poco de lo que pasa y preocupa fuera.
Abrazos

Crates de Tebas dijo...

En un mensaje largo y quizá un poco hinchado que dejé aquí hace una semana, y que por alguna extraña razón no se ha grabado, te decía tres cosas:

Lo primero de todo es que creo que escribes francamente bien, y que es una buena noticia que entre tus ocupaciones académicas y familiares encuentres algo de tiempo para compartir tus textos con nosotros.

Lo segundo es que estoy básicamente de acuerdo con tu texto, pero hay una cosa que no suscribo: la expresión "necroeconomía" es feliz, sin duda alguna, pero no es mía. Una lástima. Se la tomé prestada a Warren Montag, que hace unos meses nos regaló un excelente artículo sobre "el peligroso derecho a la existencia" (NECROECONOMÍA).

Y lo tercero es más personal, y sin duda más importante: recibe mi más sincera enhorabuena por la recién estrenada paternidad.